Daniel Genovesi, oriundo de Venado Tuerto, Santa Fe, comenzó su camino hacia el sacerdocio a los 16 años. Su conexión con la Iglesia había sido hasta ese momento más social que espiritual, participando de actividades juveniles en su parroquia y tocando la guitarra. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, su interés por el Evangelio creció, llevándolo a reflexionar sobre su fe y su relación con Jesús.

En 1981, Daniel ingresó al seminario justo cuando comenzaba su cuarto año de secundaria. Su madre celebró su decisión, mientras que su padre, aunque reticente, le brindó su apoyo. “Lo que elegiste no es de mi agrado, pero tampoco es malo. Andá y probá”, le dijo, un consejo que Daniel atesora. La figura paterna, a pesar de su limitada educación formal, le enseñó a valorar la libertad y las decisiones propias.

Por otro lado, en Gualeguaychú, Mercedes Tarragona, a sus 13 años, se sintió atraída por un grupo de monjas que pasó cerca de su casa. Desde su nacimiento, su vida estuvo marcada por la fe, ya que su madre se encomendó a la Virgen de la Merced durante un complicado parto. Al enterarse de la decisión de su hija de unirse a las religiosas, la madre interpretó la elección como un cumplimiento de una promesa. Mercedes se trasladó a Avellaneda, donde se unió a una congregación y tomó los hábitos a los 17 años. Años después, sus caminos se cruzarían en un encuentro que cambiaría sus vidas para siempre.