Gabriel Boric y José Antonio Kast han reanudado este domingo el proceso de traspaso de mando en Chile, luego de una semana marcada por una inusual ruptura en las relaciones entre ambos. Desde el Palacio de La Moneda, el presidente saliente Boric comunicó que las diferencias con su sucesor han sido superadas y que el cambio de gobierno, programado para el 11 de marzo, se llevará a cabo “de manera impecable”. Esta crisis había generado la suspensión de más de cuarenta reuniones bilaterales entre los equipos de ambos gobiernos.

El conflicto se originó en torno a un ambicioso proyecto de cable submarino de fibra óptica, conocido como Chile-China Express, que busca conectar Valparaíso con Hong Kong. El 27 de enero, el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, firmó un decreto que otorgaba a la empresa estatal china China Mobile International una concesión de 30 años para la construcción y operación del cable. Sin embargo, dos días después, el decreto fue anulado por un supuesto “error técnico de tipeo”, mientras que el caso seguía abierto en la Subsecretaría de Telecomunicaciones.

La situación escaló cuando, el 20 de febrero, el Departamento de Estado de EE. UU. revocó las visas diplomáticas de varios funcionarios chilenos, acusándolos de comprometer la seguridad regional. Boric afirmó haber informado a Kast sobre el tema con antelación, pero el equipo del presidente electo negó esta versión, destacando que solo se había mencionado el asunto sin más detalles. La tensa situación culminó el 3 de marzo, durante una reunión de traspaso que se interrumpió a los 22 minutos tras un desacuerdo entre ambos. Este episodio se ha calificado como la ruptura más grave entre un presidente saliente y uno entrante en las últimas décadas.