Ginebra, 24 de abril (Redacción Medios Digitales) - En el contexto de una crisis humanitaria aguda que afecta a Haití, la jefa de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en el país, Marisela Chau, subraya la importancia de que la comunidad internacional cumpla con las expectativas de mejora que aún alberga la población local. A pesar de que la mitad de los haitianos requiere asistencia humanitaria y solo el 30% de los centros de salud operan con normalidad, Chau destaca que existe una inquebrantable esperanza entre los ciudadanos de que su situación puede cambiar para mejor.

"Es alentador ver que la población en Haití sigue creyendo que las cosas pueden mejorar. Nuestro mensaje a la comunidad internacional es claro: deben honrar y apoyar esta esperanza. Cualquier decisión tomada por actores locales o internacionales debe tener a la población en el centro de sus prioridades", afirmó en una reciente entrevista, donde también reflexionó sobre su experiencia en Haití desde 2021.

Desde ese año, Haití ha sido testigo de un aumento alarmante en la violencia armada, que ha alcanzado niveles críticos. La situación se tornó especialmente grave a fines de marzo, cuando un ataque en una localidad al norte de Puerto Príncipe dejó un saldo de setenta muertos, decenas de heridos y un considerable daño material, con numerosas viviendas incendiadas. Este tipo de sucesos evidencian la creciente descomposición del orden público en el país, donde las bandas criminales han ganado terreno.

La actual crisis en Haití es considerada como la más severa de toda América, con un incremento de las actividades delictivas que involucran hasta un centenar de grupos armados que dominan el 90% del área metropolitana de Puerto Príncipe. Esto ha generado un clima de inseguridad tal, que el simple acto de caminar por las calles puede convertirse en un riesgo mortal, ya sea por el fuego cruzado o por ataques aéreos con drones.

Chau expresa su inquietud ante el uso de drones explosivos en áreas densamente pobladas, indicando que esto complica enormemente la protección de la población civil. Investigaciones realizadas por Human Rights Watch revelan que las fuerzas de seguridad haitianas, junto con contratistas privados, han llevado a cabo operaciones con drones que han resultado en la muerte de más de 1.200 civiles, lo que plantea serias preguntas sobre la estrategia de seguridad implementada en la capital.

Además, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha emitido condenas sobre el uso de drones en estos contextos, enfatizando la necesidad de un enfoque más humano y responsable. En medio de esta situación, el CICR se destaca por su habilidad para interactuar de manera directa con las partes en conflicto, lo que les permite negociar el acceso humanitario en zonas controladas por grupos armados.

Chau, quien lidera un equipo de setenta personas en un entorno extremadamente peligroso, describe el enfoque del CICR como un "sistema de gestión de seguridad muy estricto". Esto implica que los trabajadores internacionales no pueden transitar libremente por las calles de Puerto Príncipe y deben cumplir con un toque de queda. Antes de cualquier intervención, es fundamental que el CICR obtenga garantías de seguridad por parte del grupo que controla la zona, lo cual es crucial para asegurar la continuidad de su labor humanitaria en Haití.

A medida que la comunidad internacional observa la crisis en Haití, es imperativo que se tomen decisiones informadas y responsables que prioricen el bienestar de la población y apoyen su esperanza de un futuro mejor. La situación actual es un llamado a la acción para que se establezcan políticas efectivas que aborden las necesidades urgentes de los haitianos, quienes continúan luchando por su dignidad y supervivencia.