El sector textil ha experimentado una notable evolución en su comercio exterior, especialmente en los últimos años. Según Nilda, experta en la materia, la naturaleza dinámica de la moda requiere prever cada fase de la importación para garantizar que los productos lleguen a tiempo al mercado. Durante una entrevista, analizó los cambios regulatorios recientes, el papel crucial de la logística y el impacto que la competencia internacional tiene sobre las empresas locales.

Desde su ingreso al comercio exterior en 2009, Nilda ha sido testigo de una profunda transformación en el rubro. Durante mucho tiempo, las importaciones enfrentaron diversas barreras tanto arancelarias como no arancelarias, como las Licencias de Importación y las Declaraciones Juradas de Anticipación, que complicaban el proceso al generar tiempos y costos adicionales. Las intervenciones previas obligatorias, como las relacionadas con rotulado y etiquetado, sumaban una carga extra al trabajo de importadores y fabricantes, quienes debían lidiar con trámites presenciales y formatos físicos.

Recientemente, el panorama del comercio exterior se ha modificado considerablemente. Se han reducido los derechos de importación y se han eliminado numerosos obstáculos administrativos, aunque persisten algunas exigencias en rotulado. Esta apertura ha coincidido con un auge en los envíos courier, lo que ha intensificado la competencia y afectado a la industria local. En este contexto, la planificación se convierte en una necesidad estratégica: una clasificación arancelaria errónea o una falta de documentación puede generar costos y demoras que impactan significativamente en la competitividad. Actualmente, aproximadamente el 70% de las importaciones textiles en Argentina provienen de China, mientras que Brasil, India, Estados Unidos, Vietnam y Pakistán también son actores relevantes en el mercado.