Incluir pescados grasos como el atún, las sardinas y el salmón en la dieta puede ofrecer importantes ventajas para quienes sufren de hígado graso. Estos alimentos son ricos en ácidos grasos omega-3, proteínas y otros nutrientes que favorecen la salud hepática.

Investigaciones realizadas por instituciones médicas como Mount Elizabeth Hospitals y Clinigastro destacan que estos tipos de pescado son aliados en el manejo de la esteatosis hepática, aunque sugieren tener precauciones con las presentaciones enlatadas y la frecuencia de consumo. La esteatosis hepática, comúnmente conocida como hígado graso, se caracteriza por la acumulación excesiva de grasas en las células hepáticas, y una alimentación adecuada puede marcar la diferencia en su tratamiento.

Entre los beneficios del consumo de atún enlatado, se encuentra su aporte de niacina, una vitamina que contribuye a mantener niveles de colesterol HDL saludables. Además, la disponibilidad de pescados enlatados facilita su incorporación a la dieta, especialmente en áreas donde el pescado fresco es escaso. Sin embargo, los expertos aconsejan elegir conservas al natural o en agua para evitar calorías adicionales y grasas no deseadas, así como ser cautelosos con el contenido de sodio y la posible presencia de metales pesados como el mercurio en el atún. Se sugiere que el pescado azul se incluya al menos dos veces a la semana en la alimentación, optando por métodos de cocción saludables como al horno o al vapor para maximizar sus beneficios.