En medio del prolongado conflicto en Ucrania, miles de soldados se encuentran lejos de sus hogares, mientras que sus esposas enfrentan el desafío de mantener la estabilidad familiar. Estas mujeres no solo deben equilibrar el trabajo y la crianza de sus hijos, sino que también luchan por mantener vivas las relaciones con sus esposos, a pesar de la distancia y el constante estrés emocional.
Viktoria Grishchuk, una madre de 38 años oriunda de un pueblo cercano a Leópolis, comparte su experiencia tras la partida de su esposo Serguí al ejército hace cuatro años, poco después del inicio de la invasión rusa. Con su hogar en plena remodelación y sin familiares cerca, Viktoria se dedica a tejer redes de camuflaje en una escuela local, una actividad que ayuda a los soldados a protegerse de los drones enemigos, mientras intenta equilibrar su carrera en el ámbito educativo con el cuidado de sus dos hijos, Yaroslava y Vladislav.
El impacto de la guerra ha transformado radicalmente su vida. Viktoria reconoce que su trayectoria profesional se ha visto afectada, ya que ha tenido que renunciar a oportunidades laborales que antes consideraba normales. A pesar de las dificultades, ella y Serguí hacen un esfuerzo constante por mantener la comunicación. Cada mañana, Viktoria envía un mensaje a su esposo a través de una aplicación de mensajería, buscando consuelo en una simple confirmación de lectura o en un emoji que alivie su preocupación por su seguridad en un entorno tan peligroso. A pesar de la carga emocional que enfrentan, estos momentos de conexión, como cuando Serguí toca la guitarra desde su refugio, les brindan un respiro en medio del caos.



