La depresión no solo afecta el bienestar emocional, sino que también incrementa el riesgo de hospitalización y agrava diversas enfermedades físicas. Estudios recientes han revelado que los trastornos depresivos pueden complicar notablemente la evolución de condiciones endocrinas, cardiovasculares, neurológicas y autoinmunes. Esta conexión entre la salud mental y física es tan significativa que los efectos de la depresión pueden manifestarse a través de factores biológicos, conductuales y sociales.

Investigaciones indican que la depresión impacta a un 41% de los pacientes con Alzheimer y a un 38% de quienes padecen Parkinson, lo que se traduce en un deterioro cognitivo más acelerado y una mayor incapacidad. Esta dualidad de síntomas genera una carga adicional tanto para los afectados como para los sistemas de salud, dificultando el tratamiento de enfermedades crónicas y complicando su manejo.

Además, el fenómeno del “diagnóstico dual”, que se refiere a la convivencia de trastornos mentales con adicciones, se presenta en el 20% de las personas con afecciones psiquiátricas. Este escenario complica aún más los tratamientos y empeora el pronóstico de ambas condiciones. Los datos de países como Reino Unido y Finlandia revelan que los pacientes con depresión tienen tasas más altas de hospitalización por enfermedades metabólicas, musculoesqueléticas y cardiovasculares, lo que subraya la necesidad de un enfoque integral en la atención médica de estas personas.