La longevidad humana ha sido objeto de estudio durante siglos, y aún persisten interrogantes sobre qué factores determinan cuántos años vivimos. Recientemente, un análisis de UNAM Global ha arrojado luz sobre este tema, señalando que la clave para alcanzar edades cercanas a los 140 años no radica en dietas estrictas ni en suplementos extraordinarios, sino en la adecuada gestión del estrés emocional.
Entre los ejemplos más emblemáticos de longevidad se encuentra el de Jeanne Louise Calment, quien vivió 122 años y 164 días en Arlés, Francia. Nacida el 21 de febrero de 1875, Calment falleció el 4 de agosto de 1997, y durante su vida mantuvo hábitos poco convencionales como fumar ocasionalmente y disfrutar del chocolate, sin adherirse a rutinas de ejercicio. Ella atribuía su prolongada vida a no tomarse las cosas demasiado en serio, lo que refuerza la idea de que la actitud ante la vida puede influir en la longevidad.
Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, destaca que la respuesta de la inteligencia artificial sobre el impacto del estrés en la salud coincide con lo que la biología y la neurociencia han establecido. Según el especialista, el estrés cotidiano puede ser menos perjudicial que el estrés profundo y sostenido, que proviene de la necesidad de satisfacer expectativas ajenas y reprimir emociones negativas. Este tipo de presión, según Gutiérrez Ospina, puede acelerar el envejecimiento tanto físico como mental, subrayando la importancia de cuidar no solo la cantidad de años, sino también la calidad de vida en el proceso.



