El sector agropecuario argentino se encuentra en una situación paradójica, ya que, a pesar de estar en medio de una cosecha histórica gracias a condiciones climáticas favorables, se prevé que los ingresos por exportaciones alcancen los USD 34.530 millones en 2026. Esta cifra, similar a la del año anterior, se produce en un contexto donde se espera un notable incremento en la producción de granos y una eventual recuperación de los precios internacionales, aunque esto no se traducirá necesariamente en una mayor liquidación de divisas.
Este fenómeno se debe, en parte, a la reciente escalada del conflicto en Medio Oriente, que ha repercutido en los costos de transporte internacional, complicando la rentabilidad de las exportaciones. Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las tensiones en el Golfo Pérsico han incrementado los costos de flete entre un 40% y un 50%, lo que afecta directamente los precios que reciben los exportadores argentinos y limita los beneficios de una mayor cosecha.
Además, la Argentina enfrenta un desafío estructural por su ubicación geográfica, ya que el 85% de la población mundial reside en el Hemisferio Norte, lo que encarece aún más la competitividad de sus granos. A pesar de estas dificultades, se prevé que la campaña 2025/26 alcance una producción de 158 millones de toneladas, un 14% más que el ciclo anterior, gracias a mejores rendimientos en cultivos clave como maíz, trigo y girasol. Sin embargo, la producción de soja se mantendría por debajo de sus máximos históricos debido a una disminución en la superficie sembrada, aunque con mejoras en los rendimientos respecto al año pasado.



