La intensificación del conflicto en Medio Oriente ha comenzado a impactar de manera significativa en el mercado energético mundial. La producción de petróleo en Irak ha disminuido drásticamente, cayendo cerca de un 60% debido a las dificultades para exportar crudo en medio de la guerra con Irán y las crecientes restricciones logísticas en el Golfo Pérsico.

Según un análisis reciente, la producción diaria iraquí ha bajado de aproximadamente 4,3 millones de barriles a entre 1,7 y 1,8 millones en la actualidad. Esta caída abrupta se debe principalmente al bloqueo de rutas de exportación y a la escasez de buques disponibles para el transporte del petróleo, lo que ha generado una crisis en el sector.

Uno de los puntos críticos se encuentra en el Estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más importantes del mundo para el comercio de petróleo. Cualquier interrupción en esta ruta puede tener un impacto significativo en el abastecimiento global. A medida que las tensiones militares aumentan, la situación energética se complica, ya que Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han comenzado a reducir su producción ante el aumento de las disrupciones logísticas en la región.