Cada 8 de marzo, la discusión sobre la equidad de género en el ámbito laboral se renueva, y los números son un reflejo de una realidad persistente. Según el último informe del Foro Económico Mundial sobre la Brecha de Género Global 2025, la representación femenina en posiciones de liderazgo económico continúa siendo insuficiente, con solo un 28% de los altos cargos en el mundo ocupados por mujeres.

El talento no es el problema, ya que las universidades están formando a un número igual o superior de mujeres que de hombres en diversas disciplinas. Las empresas cuentan con profesionales altamente capacitadas en niveles intermedios, y los resultados de desempeño no muestran diferencias significativas. Sin embargo, surge la pregunta: ¿por qué este talento no se traduce en poder estratégico dentro de las organizaciones?

La respuesta radica en las estructuras organizativas y las decisiones que se toman en entornos donde la diversidad no siempre se considera una prioridad real. La falta de participación femenina en la toma de decisiones cruciales afecta la competitividad de las empresas. La diversidad de pensamiento es una ventaja en un mundo complejo y cambiante, y, a propósito del Día Internacional de la Mujer, es fundamental analizar el “pipeline” de liderazgo. Aunque ha aumentado la presencia femenina en cargos directivos en la última década, solo un 25% logra llegar a posiciones de alta dirección, evidenciando un embudo que responde a dinámicas culturales y sesgos de género.