La tecnología MicroLED ha sido presentada como una innovación transformadora en el ámbito de los televisores, sin embargo, su acceso para el consumidor promedio sigue siendo limitado. A pesar de los anuncios realizados por la industria electrónica en los últimos años, los altos costos de producción han mantenido a esta tecnología fuera del alcance de muchos hogares.

Desde la presentación de The Wall por parte de Samsung en la CES 2018, se ha hablado del enorme potencial del MicroLED para mejorar la experiencia visual. A diferencia de las pantallas LED convencionales, que utilizan una retroiluminación trasera que limita la producción de negros profundos, el MicroLED ofrece una solución más avanzada. Cada píxel en este sistema está compuesto por LEDs microscópicos que no solo eliminan problemas de degradación, sino que también permiten un control individual de la luz, lo que promete colores más vivos y un contraste excepcional.

Sin embargo, la complejidad en la fabricación de estas pantallas es un desafío significativo. Un televisor MicroLED de 89 pulgadas puede costar alrededor de 109.000 euros, lo que lo sitúa lejos del alcance del consumidor promedio. A pesar de que en 2024 se produjeron menos de 1.000 unidades en todo el mundo, esta tecnología ha encontrado su lugar en aplicaciones específicas, como en la señalización de gran formato y en dispositivos de alta gama. Empresas como Apple y Samsung están explorando su uso en dispositivos como relojes inteligentes y tecnología de realidad aumentada, donde la eficiencia y la densidad de píxeles son esenciales.