En el vasto universo digital, un sistema de inteligencia artificial conocido como Zara es capaz de llevar a cabo hasta diez mil entrevistas laborales por hora. Este proceso se realiza sin interrupciones, sin errores en la identificación de candidatos y sin el impacto de un mal día en el rendimiento de la evaluación. Zara no solo se limita a hacer preguntas; también evalúa competencias técnicas, habilidades interpersonales, gramática y la capacidad de razonamiento crítico. Al final de cada entrevista, emite una calificación que puede ser Junior, B1 o B2, dejando a los postulantes con la incertidumbre de no saber exactamente qué experiencia acaban de vivir.
El concepto de una máquina capaz de simular una conversación humana no es nuevo. En 1950, Alan Turing planteó un experimento que se convertiría en un hito: un ordenador logró engañar a un entrevistador humano, haciéndole creer que estaba interactuando con otro ser humano. Hoy, en un contexto marcado por la sobreabundancia de información y la falta de orientación, la situación se ha vuelto aún más compleja. Muchos jóvenes enfrentan desafíos en su búsqueda de empleo, mientras que las máquinas continúan mejorando en su capacidad de evaluación.
La llegada de la inteligencia artificial al ámbito laboral ya no es un tema de debate sobre el futuro; se trata de una transformación tangible y acelerada que está redefiniendo tanto el proceso de búsqueda de empleo como la evaluación del rendimiento laboral. A nivel global, las entrevistas automatizadas, las herramientas algorítmicas de selección y el análisis de currículums basado en inteligencia artificial se están convirtiendo en prácticas comunes, y su adopción comienza a extenderse por Argentina.
Un ejemplo de esta realidad es la plataforma Micro 1, que fue capaz de procesar diez mil postulantes en tan solo una hora, una hazaña que se realizó la semana pasada. Este avance plantea una necesidad urgente de reflexión y regulación. Si bien el concepto de prudencia es esencial, se debe encontrar un equilibrio entre comprender plenamente la tecnología y actuar antes de que sus consecuencias se vuelvan irreversibles. El ritmo del desarrollo tecnológico supera con creces la capacidad de respuesta del marco legislativo, dejando a los trabajadores vulnerables ante un sistema que aún carece de supervisión adecuada.
La cuestión de la justicia en el uso de inteligencia artificial es crucial. Los algoritmos, cuando son alimentados con datos históricos, tienden a perpetuar las desigualdades existentes. Si, por ejemplo, las mujeres han sido históricamente subrepresentadas en roles de liderazgo, la inteligencia artificial replicará esta tendencia, pero con una eficiencia y opacidad que dificultan su detección. Un estudio reciente realizado por universidades de Maryland, Singapur y Ohio reveló que las IA tienden a favorecer currículums generados por otras máquinas en lugar de los elaborados por humanos, lo que plantea serias interrogantes sobre el verdadero significado del progreso en este contexto.
El reconocimiento de los derechos de los trabajadores en el contexto de la selección algorítmica es un tema que requiere atención inmediata. En la actualidad, los postulantes en Argentina carecen de derechos fundamentales en este proceso. No tienen acceso a la justificación detrás de un rechazo por parte de un algoritmo, ni la posibilidad de impugnar la decisión, ni tampoco la oportunidad de que un ser humano revise el resultado de la evaluación automatizada. Esta carencia se contrasta con la situación en Europa, donde el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la AI Act otorgan derechos a los ciudadanos en relación con la toma de decisiones automatizadas.
El análisis de esta situación nos lleva a una reflexión sobre la importancia de la templanza. Es fundamental evitar caer en extremos contraproducentes, como el pesimismo extremo que predice el fin del trabajo humano, o un optimismo ingenuo que ignora los riesgos asociados con el avance tecnológico. La realidad es que, en este camino hacia la integración de la inteligencia artificial en el ámbito laboral, los trabajadores argentinos necesitan ser protegidos. La regulación y la justicia deben ser los pilares sobre los cuales se construya el futuro del empleo en un mundo cada vez más automatizado.



