Con la puerta oxidada que chirría al abrirse, un joven de 24 años, Ian Menéndez, se adentra en uno de los espacios abandonados de Buenos Aires. Equipado con una linterna y su celular para registrar la experiencia, Ian se sumerge en un entorno lleno de escombros, polvo y grafitis, donde la curiosidad y la adrenalina son sus principales compañeras.

La exploración urbana se ha convertido para él en una forma de narrar historias ocultas y descubrir vestigios de un pasado olvidado. Ian no busca multitudes ni guías, solo el eco de sus pasos y la emoción de explorar lugares que han sido despojados del tiempo. “Cada paso es pura adrenalina”, comparte el joven, quien desafía las restricciones para ingresar a fábricas, casas y barcos abandonados con un objetivo claro: observar sin dejar rastro.

Desde su infancia, Menéndez ha sentido una atracción por lo desconocido, aventurándose en casas deshabitadas en su barrio del conurbano. A medida que creció, comenzó a documentar sus exploraciones, y hace cuatro años decidió compartir sus experiencias a través de las redes sociales. Su incursión más notable fue el año pasado, cuando logró acceder al túnel del soterramiento del tren Sarmiento, un lugar de gran dificultad y relevancia en la comunidad de exploradores urbanos. Ian recuerda cómo, junto a un amigo, se abrieron paso entre vagones abandonados y se adentraron en un mundo que muchos sueñan con conocer.

La obra del tren Sarmiento, que debería conectar el oeste del conurbano con la Ciudad de Buenos Aires, quedó paralizada, convirtiendo al túnel en una de las joyas más codiciadas por los aficionados al urbex. Ian, con su pasión por la aventura, continúa explorando y compartiendo sus vivencias, llevando a sus seguidores a lugares donde la historia aún resuena.