En las últimas dos décadas, Chile ha experimentado una notable mejora en la calidad del aire, aunque persisten desigualdades significativas entre sus diversas regiones. Un estudio reciente, elaborado por un equipo multidisciplinario compuesto por la Universidad de Chile, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), el Ministerio del Medio Ambiente y la Universidad del Desarrollo (UDD), destaca que, a pesar de los avances en la reducción de contaminantes como el material particulado fino (PM2.5), las disparidades ambientales continúan siendo un desafío, sobre todo en el sur del país y en áreas industriales.
El informe señala que en el sur de Chile, el uso de leña húmeda se mantiene como la principal fuente de contaminación del aire. Kevin Basoa, del CR2, comentó que las regulaciones sobre el uso de leña aún no se aplican de manera efectiva en estas regiones, y que este combustible forma parte de la cultura de muchas comunidades, complicando así los esfuerzos por mejorar la calidad del aire. Además, las características geográficas y la estabilidad atmosférica vinculada al Océano Pacífico dificultan la dispersión de los contaminantes.
Por otro lado, las denominadas “zonas de sacrificio” en el norte y centro del país continúan siendo un problema persistente. Aunque los niveles de dióxido de azufre (SO₂) han mostrado una tendencia a la baja, aún se registran episodios agudos de contaminación en localidades como Coronel y Talcahuano. En este contexto, se presenta el estado de la calidad del aire en Valparaíso al 14 de marzo de 2026, donde se indica una calidad aceptable (MP2.5 12 µg/m3, ICAP 24), junto con las restricciones vigentes para la calefacción, el uso de vehículos y la quema de leña, destinadas a proteger la salud de la población y el medio ambiente.



