Buenos Aires, mayo de 1912. Una escena extraordinaria sorprendió a quienes transitaban por las calles de la ciudad: una jirafa avanzaba entre la gente rumbo al Jardín Zoológico de Palermo. El animal, adquirido en Dakar y llamado Mimí, acababa de desembarcar en el puerto porteño junto con otros ejemplares destinados a la institución.

Al llegar a la Dársena Norte, las autoridades del zoológico no encontraron un vehículo para trasladarla. Clemente Onelli, director del Jardín Zoológico de Buenos Aires, resolvió entonces llevarla caminando. Un cordel atado al largo cuello de la jirafa lo vinculaba con el animal. De baja estatura y vestido con una elegante levita, moño negro y galera redonda, el naturalista italiano de origen y argentino por elección condujo a Mimí ante la mirada sorprendida de los vecinos.

La marcha atravesó la zona de Plaza Italia hasta alcanzar la que sería la nueva morada de la jirafa. La peregrinación también incluyó a otros animales llegados desde ultramar: dos leones, un tigre y una pantera, transportados en carromatos. Muchos niños se sumaron al recorrido o se detuvieron para observar aquella caravana singular.

La escena probablemente no tendría la misma aceptación en la actualidad. Sin embargo, en la Buenos Aires de hace más de un siglo, los zoológicos eran concebidos como espacios de esparcimiento y educación, además de permitir que miles de chicos conocieran animales que, de otro modo, no podrían haber visto. En ese marco, la caminata de Mimí junto a Onelli quedó como una imagen representativa de aquella época.