Los incendios forestales pueden generar fenómenos meteorológicos propios cuando alcanzan una combinación extrema de tamaño y temperatura. Entre sus posibles consecuencias aparecen explosiones, remolinos de fuego y tormentas eléctricas de gran magnitud, capaces de modificar las condiciones del entorno y dificultar las tareas de control.
El científico atmosférico Kyle Hilburn advierte que, en esas circunstancias, los métodos habituales para combatir directamente las llamas pueden dejar de ser efectivos y que los incendios pueden “arder sin control”. Para anticipar mejor los eventos meteorológicos extremos asociados al fuego, el especialista utiliza datos satelitales incorporados a modelos de predicción.
Según la información analizada por Hilburn, las tormentas eléctricas provocadas por incendios son “mucho más frecuentes que hace tan solo unos años”. El proceso puede comenzar en un paisaje con pastizales secos, arbustos y árboles. Una chispa originada por un rayo o por una rama que golpea un cable eléctrico puede iniciar rápidamente un incendio si coinciden altas temperaturas, tiempo seco y viento.
A medida que la vegetación arde, libera grandes cantidades de calor. El aire próximo al suelo se calienta y asciende, como ocurre con un globo aerostático, porque es menos denso que el aire frío. Para ocupar el espacio que deja ese movimiento, ingresa con rapidez aire más frío. A partir de allí, la evolución del fenómeno depende de la estabilidad de la atmósfera.



