La presencia constante del celular en la vida cotidiana también genera situaciones de riesgo en el espacio público. La dependencia de estos dispositivos atraviesa las relaciones familiares, la educación y los hábitos diarios, mientras desconectarse se presenta como un desafío que pocas personas parecen dispuestas a asumir.

Un informe de la Defensoría del Pueblo bonaerense señaló que el 36% de las personas encuestadas reconoció tener un uso problemático del celular. Dentro de ese grupo, se registró un consumo superior a seis horas diarias. El dato refleja la intensidad con la que estos dispositivos forman parte de la rutina y la dificultad para limitar su utilización.

El riesgo se vuelve visible en calles y avenidas. Hay peatones que caminan sin apartar la mirada de la pantalla y quedan expuestos a caídas, choques con otras personas y accidentes, incluso al cruzar una calle sin observar el tránsito. También se ven ciclistas, especialmente quienes trabajan para empresas de delivery, que circulan mientras consultan sus teléfonos.

La situación se repite entre los conductores. La asociación civil Luchemos por la Vida informó que el 77% de los automovilistas considera que usar el teléfono al volante es muy peligroso. Aun así, es habitual observar a personas que manejan y utilizan el celular al mismo tiempo, tanto durante la detención ante un semáforo como en autovías o carriles rápidos. La contradicción entre la percepción del peligro y la conducta cotidiana mantiene vigente un problema que compromete la seguridad de todos los que circulan.