Los habitantes de Cuyín Manzano, un paraje en el sur de Neuquén, han vivido en condiciones de aislamiento durante más de tres décadas, especialmente en épocas de crecida del río. Esta situación se agravó tras la pérdida del único puente que los conectaba con el resto de la región en la década de los noventa, cuando una inundación lo destruyó por completo. Desde entonces, la travesía para cruzar el río se ha convertido en un desafío diario, donde familias enteras deben optar por botes improvisados, peligrosos vadeos o caballos, exponiéndose a riesgos significativos, sobre todo en invierno y durante lluvias torrenciales.

La falta de un puente ha generado un impacto severo en la comunidad, especialmente en el acceso a la educación y a la atención médica. Niños y docentes de la escuela rural Nº 11 deben recorrer largas distancias, arriesgando su seguridad en condiciones climáticas adversas. Mariana Ferranti, docente de la institución, compartió su preocupación por ver a los más pequeños cruzar el río con el agua a la cintura. Por su parte, Laura Cornelio, una de las vecinas, expresó que la incertidumbre es constante: “Vivir así es estar siempre a la espera de que algo malo pase. Cada crecida nos corta la vida”.

La situación de aislamiento no solo afecta la vida cotidiana, sino que también complica el acceso a alimentos y otros servicios esenciales. Sin embargo, la historia de lucha y espera de los pobladores comenzó a cambiar cuando su situación se hizo visible a nivel nacional. Recientemente, el gobierno de Neuquén anunció que ha obtenido la autorización necesaria del gobierno nacional para comenzar la construcción de una nueva pasarela peatonal. Este avance se formalizó con la firma de un acta entre varias entidades gubernamentales, y se espera que la obra, que demandará una inversión de más de 1.400 millones de pesos, comience en breve, con un plazo de ejecución estimado en nueve meses.