El cierre de las sesiones extraordinarias en el Congreso se dio en medio de celebraciones por parte del Gobierno, mientras que el diputado Javier Milei intensificó sus críticas hacia ciertos empresarios. Aunque a primera vista puede parecer contradictorio, este cambio de enfoque refleja un giro estratégico que responde a la realidad actual y no solo a especulaciones.

Milei ha comenzado a agotar su discurso contra la "casta política", un elemento que ha utilizado de manera constante. Las recientes victorias legislativas del oficialismo han puesto de relieve la importancia de los acuerdos con figuras que previamente eran objeto de su crítica. A su vez, el entorno económico presenta señales de alarma, lo que ha llevado a Milei a buscar nuevos adversarios en su narrativa, en lugar de seguir atacando a los mismos de siempre.

La última arremetida contra la empresa Techint, junto a otras críticas dirigidas a figuras como Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, revela una nueva dirección en su discurso. Milei no solo utiliza apodos despectivos para descalificar a sus oponentes, sino que también los acusa de ser parte de un "sistema corrupto" que ha perjudicado a la población. Este enfoque no solo busca crear un enemigo claro, sino que también responde a la necesidad de mantener expectativas en la economía cotidiana, un desafío que ha enfrentado cualquier gestión en el pasado.