En los últimos meses, las denuncias por informes de dominio automotor falsificados se multiplicaron en todo el país, afectando a compradores desprevenidos que creyeron estar adquiriendo vehículos libres de deudas y gravámenes. Las estafas, que se realizan tanto en operaciones presenciales como a través de plataformas digitales, ponen en evidencia la necesidad de extremar las precauciones al momento de verificar la situación legal de un rodado.

El modus operandi de los estafadores suele ser similar: presentan un documento con el membrete del Registro de la Propiedad del Automotor que aparenta ser legítimo, pero que en realidad contiene información adulterada. En muchos casos, el vehículo en cuestión tiene embargos, prendas o incluso pedidos de secuestro que no figuran en el informe fraudulento. Para cuando el comprador descubre la verdad, ya realizó el pago y el vendedor desapareció.

Las autoridades advierten que este tipo de fraude se incrementó un 35% respecto al año anterior, impulsado en parte por la creciente digitalización de las transacciones y la facilidad con que se pueden falsificar documentos mediante herramientas de edición. Los más afectados son quienes compran vehículos usados de manera particular, sin intervención de concesionarias o agencias oficiales.

Para evitar caer en estas estafas, los expertos recomiendan siempre verificar la autenticidad de los informes de dominio a través de fuentes oficiales y nunca confiar únicamente en la documentación presentada por el vendedor. Un informe legítimo debe contar con sellos, firmas digitales y códigos de verificación que permitan corroborar su validez.

Además, se sugiere solicitar el informe de manera independiente, sin depender del que ofrezca la otra parte. De esta forma, el comprador se asegura de obtener información actualizada y fidedigna directamente de la fuente oficial, eliminando cualquier posibilidad de manipulación.

Las asociaciones de defensa del consumidor insisten en que la prevención es la mejor herramienta contra este tipo de delitos. Tomarse unos minutos para verificar la documentación puede significar la diferencia entre una operación exitosa y la pérdida de miles de dólares en un vehículo con problemas legales imposibles de resolver.