El Último Primer Día (UPD) ha cobrado relevancia en las familias argentinas como un ritual cargado de emociones y significados. Esta celebración, que marca el cierre de una etapa escolar para los jóvenes, se ha convertido en un momento de gran importancia social, aunque también se ve afectada por el consumo de alcohol y otras conductas de riesgo. Especialistas advierten que es fundamental la intervención de los adultos para establecer límites claros en este tipo de situaciones.

Según los expertos, el UPD representa un rito de pasaje que simboliza el inicio del último año de secundaria, generando un sentido de pertenencia y un sentimiento de madurez entre los adolescentes. Fabián Triskier, médico psiquiatra y miembro del Departamento Infanto Juvenil de INECO, destaca que estos rituales suelen estar diseñados por el mundo adulto, pero en el caso del UPD se observa una exclusión de los adultos en la dinámica. Esto puede llevar a un consumo excesivo de alcohol como una forma de transgresión, lo que plantea serios riesgos para la salud y la seguridad de los jóvenes.

La celebración del UPD, que ha ganado protagonismo en la última década, tiene sus raíces en tradiciones anteriores, como la vuelta olímpica o las reuniones previas a las fiestas de graduación. Lorena Ruda, licenciada en Psicología y coautora de un libro sobre la adolescencia, sostiene que esta festividad es un símbolo de identidad grupal, despedida y crecimiento. Por su parte, Julieta Nachajon, médica pediatra y especialista en adolescencia, señala que el consumo de alcohol en estos eventos se ve influenciado por la presión del grupo de pares, que juega un papel crucial en la toma de decisiones de los jóvenes. En nuestra cultura, muchos festejos están vinculados al alcohol, lo que se refleja en el UPD, donde los adolescentes replican comportamientos observados en los adultos, especialmente aquellos idealizados en redes sociales.

El consumo de alcohol en la adolescencia conlleva riesgos específicos, dado que el cerebro y el cuerpo de los jóvenes aún están en desarrollo. Según la Organización Panamericana de la Salud, esta etapa se caracteriza por una "ventana de vulnerabilidad biológica", lo que aumenta la importancia de que los padres establezcan pautas claras y acompañen a sus hijos en este proceso de celebración y transición hacia la adultez.