En el ámbito educativo de California, se ha vuelto notable la historia de Honey Cooper, una niña de apenas diez años que ya se ha convertido en estudiante universitaria. Desde su aula en la escuela primaria Kimbark, Honey ha logrado una hazaña poco común: la doble matriculación, que le permite simultáneamente avanzar en la primaria y cursar estudios superiores. Su caso ha despertado el interés de educadores y medios locales, consolidándose como un ejemplo de talento precoz y dedicación.
Actualmente, Honey combina su vida como alumna de cuarto grado en la escuela Kimbark con clases en el San Bernardino Valley College, donde ha optado por un curso universitario de arte junto a otros 12 estudiantes. Este doble enrolamiento no es solo un formalismo, ya que Honey destaca en disciplinas fundamentales, mostrando un nivel matemático correspondiente al séptimo grado y habilidades lectoras que, según su madre, son comparables o incluso superiores a las de un estudiante de último año de secundaria.
El interés de Honey por la educación no solo se basa en su capacidad académica, sino también en su insaciable curiosidad y deseo de aprender. A diferencia de muchos de sus compañeros que disfrutan de actividades típicas de su edad, ella se involucra en proyectos académicos avanzados, sin descuidar sus responsabilidades en la primaria. Este enfoque la diferencia de sus pares y la posiciona como un modelo de lo que puede lograr la educación personalizada y la detección temprana de talentos. La familia Cooper, consciente de su singularidad, ha establecido una rutina familiar que enfatiza el aprendizaje y limita el tiempo frente a pantallas, lo que, según su madre, es fundamental para el desarrollo de Honey.



