Cintia Ubeda Vranjican, una madre de 43 años, se encontró con la dura realidad del cáncer en agosto de 2023, un diagnóstico que llegó casi como un presentimiento. A pesar de llevar un estilo de vida saludable, con ejercicio diario y chequeos médicos regulares, sintió la necesidad de realizarse una endoscopía, lo que terminó revelando un carcinoma. "Si no me hubiera hecho ese estudio, habría sido demasiado tarde", reflexiona Cintia sobre la importancia de escuchar a su instinto.

Este diagnóstico no solo transformó su vida, sino que también trajo consigo un mar de preguntas y temores, especialmente sobre el futuro de sus hijos: Samir, de 21 años; Agustín, de 15; y Josefina, de 10. Cada uno de ellos enfrentó la situación de manera distinta. Mientras que Agustín se aferra a la creencia de que su madre es "inmortal", Samir percibió el pronóstico médico—una probabilidad de supervivencia del 20% a cinco años—como una carga abrumadora. En medio de esta adversidad, Cintia y sus hijos han aprendido a hablar abiertamente sobre la enfermedad, el miedo y la muerte.

El tratamiento de Cintia fue complicado, incluyendo la extirpación de su esófago y parte de su estómago, seguido de un año de inmunoterapia. A lo largo de este proceso, enfrentó múltiples desafíos, incluyendo complicaciones de salud y la pérdida de su propia madre a causa de la misma enfermedad. Sin embargo, lejos de rendirse, Cintia decidió transformar su experiencia en un mensaje esperanzador sobre la vida. En una charla íntima, madre e hijos reflexionan sobre la importancia de vivir plenamente, la fragilidad de la vida y la necesidad de fortalecer los lazos familiares en tiempos difíciles.