Un mareo inesperado, dificultad al hablar o la pérdida de fuerza en un brazo pueden parecer síntomas leves y pasajeros. Sin embargo, estos episodios pueden ser señales de advertencia de un ataque isquémico transitorio (AIT), una alteración temporal en la circulación cerebral.

Aunque los síntomas suelen desaparecer rápidamente, el AIT indica un riesgo elevado de sufrir un accidente cerebrovascular (ictus) en los días siguientes. Instituciones como Harvard Medical School y el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos advierten que entre un 10% y un 18% de quienes experimentan un AIT pueden enfrentar un ictus en un plazo de 90 días, siendo las primeras 48 horas las más críticas.

La disminución temporal del flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro genera síntomas neurológicos súbitos que remiten en menos de 24 horas. Esto incluye debilidad en un lado del cuerpo, dificultades para hablar y pérdida transitoria de la visión. La atención médica oportuna es fundamental, ya que muchos no consultan al médico tras estos episodios, lo que puede resultar en la pérdida de oportunidades para prevenir un evento mayor.