El consumo prolongado de antiácidos, en particular de inhibidores de la bomba de protones (IBP) como Omeprazol y Nexium, pone en jaque la salud de más de 20 millones de estadounidenses. Estos medicamentos, que se pueden adquirir sin receta y que tienen un alto volumen de ventas, están relacionados con una serie de efectos adversos que podrían resultar graves cuando se utilizan de manera continua.

En Estados Unidos, los IBP se posicionan como el tercer fármaco más comercializado. A pesar de su eficacia para aliviar el ardor estomacal y el reflujo, médicos han advertido que su uso prolongado puede afectar la densidad ósea, aumentando el riesgo de fracturas, provocar deficiencias de nutrientes esenciales y elevar el peligro de daños irreversibles en órganos vitales, según estudios recientes y recomendaciones de autoridades sanitarias.

Además, interrumpir el uso de estos inhibidores de forma abrupta puede provocar un efecto rebote, donde el estómago aumenta su producción de ácido, generando dependencia a estos medicamentos. Este ciclo puede llevar a los pacientes a consumir antiácidos de manera crónica, a pesar del agravamiento de los efectos adversos. Entre los efectos secundarios gastrointestinales asociados a diferentes tipos de antiácidos, se incluyen diarrea, vómitos y dolor abdominal, destacándose también el riesgo de infecciones como la de Clostridioides difficile (C. diff), que puede ser favorecida por la disminución de la acidez gástrica.

Investigaciones indican que los usuarios de IBP tienen entre 1,2 y 5 veces más probabilidades de desarrollar infecciones por esta bacteria en comparación con quienes no las consumen. Un estudio de 2024 evidenció que el uso de estos medicamentos puede triplicar o cuadruplicar el riesgo de sufrir infecciones entéricas. Asimismo, la reducción de la acidez gástrica afecta la absorción de nutrientes esenciales, como se demostró en un experimento con ratas, donde se observó una drástica disminución de cobre hepático tras la administración de omeprazol, lo que a su vez impactó negativamente la absorción de hierro en el organismo.