Un reciente estudio realizado por Mass General Brigham sugiere que la vitamina D podría desempeñar un papel importante en la reducción del riesgo de desarrollar síntomas persistentes tras una infección por COVID-19. La investigación, publicada en la revista The Journal of Nutrition, revela que aunque esta vitamina no modifica la gravedad de la infección aguda, podría tener un efecto positivo en la prevención de problemas como la fatiga extrema, dificultades respiratorias y niebla mental, conocidos como long COVID.

El ensayo clínico incluyó a 1.747 adultos diagnosticados recientemente con COVID-19, así como a 277 miembros de sus hogares, quienes participaron en un estudio aleatorizado que comparó los efectos de la suplementación con vitamina D3 contra un placebo durante un período de cuatro semanas. Según los hallazgos, alrededor del 21% de los participantes que recibieron vitamina D reportaron al menos un síntoma persistente ocho semanas después de contraer el virus, en comparación con el 25% del grupo que recibió el placebo.

A pesar de que los resultados no indican una prevención total de los síntomas prolongados, se observó una diferencia significativa entre los dos grupos, lo que respalda la hipótesis de que la vitamina D podría tener un efecto protector. La doctora JoAnn Manson, autora principal del estudio, destacó que estos hallazgos son algunos de los más sólidos obtenidos hasta el momento en investigaciones de este tipo. Sin embargo, también mencionó que las limitaciones del estudio, como el inicio tardío del tratamiento con vitamina D, podrían restringir la generalización de los resultados. Manson sugirió que el beneficio podría ser mayor si la suplementación se inicia antes o inmediatamente después del diagnóstico.