Este lunes se cumplirán dos meses desde el fallecimiento del médico anestesista Alejandro Zalazar, cuyo cuerpo fue encontrado el 20 de febrero en su departamento, un hecho que desató un escándalo mediático en torno a las supuestas fiestas denominadas “propofest”. La investigación, dirigida por el fiscal Eduardo Cubría, se encuentra en una etapa crucial, a la espera de resultados de diversas pericias que podrían arrojar luz sobre las circunstancias que rodearon su muerte y el contexto de su vida personal.

Entre las pruebas más esperadas se encuentran los análisis del iPhone de Zalazar, así como del teléfono y el iPad de su amiga, “Tati” Leclercq, quien estuvo presente en el momento del hallazgo del cuerpo. Ambos dispositivos serán examinados por la DATIP, la división de análisis informáticos de la Procuración, aunque hasta el momento no se dispone de un resultado preliminar. La situación es compleja, y la falta de información concreta ha llevado a los investigadores a considerar diversos escenarios, lo que incluye la posibilidad de que se trate de un accidente o un caso aislado.

Una declaración de la hermana de Zalazar, quien estuvo presente en el momento en que se encontró el cadáver, añade un matiz intrigante al caso. Ella afirmó que Leclercq manipuló el iPhone en el departamento, aunque hasta el momento no hay evidencias que sugieran que se trató de alguna acción intencionada o maliciosa. La investigación, sin embargo, aún no ha identificado a ningún imputado, y las amigas de Zalazar, Leclercq y “Fini” Lanusse, no han declarado hasta ahora, un hecho que el fiscal Cubría considera esencial para avanzar en el esclarecimiento de los hechos.

Pese a la magnitud mediática que ha adquirido el caso, hasta el momento no se han encontrado pruebas concretas que vinculen a terceros en la muerte de Zalazar. La atención se ha centrado en las supuestas “propofest”, fiestas privadas que, según rumores, involucraban el uso de propofol en un contexto recreativo. Sin embargo, fuentes cercanas a la investigación han señalado que hasta ahora no hay evidencias que respalden la existencia de tales eventos. “Las Propofest son un mito urbano”, aseguró una fuente cercana al caso, lo que ha generado escepticismo sobre la veracidad de los relatos que han circulado en las redes sociales.

A medida que avanza la investigación, se llevan a cabo análisis toxicológicos sobre muestras del cuerpo de Zalazar, quien fue hallado con una vía conectada a su pie derecho que contenía propofol y midazolam. Los resultados de estas pruebas podrían demorar varios meses, ya que el tiempo de reacción de los reactivos para este tipo de sustancias es considerable. A su vez, la autopsia reveló que la causa de la muerte fue una “congestión y edema pulmonar meningoencefálico”, un fenómeno que ocurre cuando hay una acumulación de líquido en los pulmones debido a una lesión en el sistema nervioso central.

La historia personal de Zalazar también despierta interés. Originario de Mendoza, se informó que el anestesista venía consumiendo propofol al menos dos meses antes de su muerte, aunque los motivos detrás de esta decisión permanecen en la esfera privada. La familia y amigos del médico han optado por no hacer declaraciones al respecto, lo que solo añade más misterio a la situación. Es fundamental que las investigaciones avancen para despejar las dudas que rodean este caso y para que se haga justicia, si corresponde.

Con el transcurrir del tiempo, la presión sobre el fiscal Cubría aumenta, ya que la comunidad médica y el público esperan respuestas concretas sobre lo sucedido. A medida que se esperan los resultados de las pericias, la incertidumbre persiste, y cada nuevo detalle que surge puede cambiar el rumbo de la investigación. Lo que es innegable es que la muerte de Zalazar ha puesto de manifiesto la necesidad de un debate sobre el uso y abuso de ciertas sustancias, así como los riesgos asociados a su consumo en contextos no médicos.