El deterioro de la piel, un aspecto común del envejecimiento, ha revelado tener efectos mucho más profundos de lo que se creía. Según el dermatólogo Jorge Soto, de la Policlínica Gipuzkoa en San Sebastián, este deterioro puede generar sustancias proinflamatorias que ingresan al organismo y afectan no solo la piel, sino también órganos vitales como el cerebro y los huesos. Este hallazgo fue expuesto en el marco del 53º Congreso de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) 2026, que se llevó a cabo en Maspalomas, Las Palmas, donde expertos en la materia discutieron la relación entre la salud cutánea y el envejecimiento interno.

El concepto de 'inflammaging', que se refiere a la inflamación crónica de bajo grado, se ha convertido en un tema central en la investigación sobre el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la edad. Esta inflamación sistémica puede ser influenciada por factores que parecen simples, como la hidratación adecuada de la piel, que podría jugar un papel crucial en la reducción de esta inflamación y, por ende, en la disminución del riesgo de enfermedades neurodegenerativas. La piel, que a menudo se considera un órgano de protección, se ha reevaluado como un actor clave en el proceso de envejecimiento, actuando tanto como un reflejo de la salud interna como un modulador de la misma.

Durante el congreso, se evidenció que la piel puede ser vista como una "ventana accesible" para observar procesos biológicos complejos, como la inestabilidad genética y el acortamiento de los telómeros, que son características asociadas al envejecimiento. Estos cambios no solo son visibles en la piel, sino que también tienen implicaciones profundas para el organismo en su conjunto. Este nuevo enfoque resalta la importancia de considerar la salud cutánea no solo desde una perspectiva estética, sino también desde una óptica integral que contemple la salud general del individuo.

Además, se ha comenzado a popularizar la Dermatología Integrativa, que busca integrar el enfoque tradicional con la consideración de factores adicionales que impactan en la salud de la piel. Esta perspectiva incluye aspectos como la nutrición, el sueño, el estrés y la salud intestinal, todos los cuales juegan un papel determinante en el bienestar cutáneo. Almudena Nuño, experta en Dermatología Integrativa y Longevidad, destacó la importancia de ajustar el régimen alimenticio de los pacientes con condiciones como el acné o la rosácea, así como implementar estrategias para reducir el estrés en enfermedades inflamatorias.

Estudios recientes han demostrado que hábitos como dormir menos de siete horas, lidiar con altos niveles de estrés y llevar una dieta rica en alimentos ultraprocesados están relacionados con un aumento en la inflamación corporal, alteraciones en la función barrera de la piel y un acelerado envejecimiento cutáneo. Esto pone de relieve la necesidad de un enfoque holístico en el tratamiento de las afecciones dermatológicas, que no solo se centre en la piel, sino que también tome en cuenta el estilo de vida del paciente en su totalidad.

Por otro lado, la investigación sobre la microbiota intestinal ha mostrado que la composición de los microorganismos en el intestino tiene un impacto directo en la respuesta inmune y el estado inflamatorio del organismo. La dermatóloga del Hospital Vega Baja y Clínica Belaneve ha señalado que un equilibrio adecuado de la microbiota intestinal puede favorecer o reducir los procesos inflamatorios que se manifiestan en la piel. La conexión entre la salud intestinal y la cutánea es un área de estudio prometedora que podría abrir nuevas vías para el tratamiento de diversas patologías dermatológicas.