Un reciente estudio publicado en la revista científica Nature ha generado nuevas perspectivas sobre el ependimoma tipo A de fosa posterior (PFA), un tumor cerebral infantil que afecta principalmente a varones. Este hallazgo resalta la importancia de la señalización de andrógenos, un proceso mediado por hormonas masculinas como la testosterona, que se ha identificado como el principal responsable de la mayor incidencia y peor pronóstico de esta enfermedad. El PFA, que suele diagnosticarse en niños de aproximadamente tres años, presenta una tasa de supervivencia libre de progresión a cinco años de solo 50%, una de las más bajas entre los tumores cerebrales en la infancia, reflejando la urgencia de desarrollar tratamientos más efectivos.

El diagnóstico del PFA es particularmente complejo, ya que este tipo de tumor cerebral raramente presenta mutaciones genéticas que puedan ser atacadas con terapias dirigidas. En contraste con otros cánceres infantiles, el PFA a menudo carece de alteraciones genéticas claras, lo que complica aún más el tratamiento. Adicionalmente, se ha observado que factores moleculares como la hipermetilación del ADN y la actividad de la proteína EZHIP contribuyen a la dificultad en el abordaje terapéutico convencional, lo que resalta la necesidad de innovaciones en su tratamiento.

Un aspecto fundamental abordado en la investigación es el sesgo de sexo en la incidencia del PFA. Los investigadores notaron que la jerarquía celular de estos tumores es menos diferenciada en varones en comparación con niñas, lo que sugiere que las hormonas masculinas podrían jugar un papel crucial en la biología del tumor. Los estudios realizados en tejidos humanos han indicado que los progenitores gliogénicos, que son células embrionarias presentes en el PFA, tienden a permanecer en un estado menos desarrollado en los casos masculinos.

Para profundizar en esta diferencia, los científicos llevaron a cabo experimentos en ratones utilizando un modelo de “cuatro genotipos centrales”. Este enfoque les permitió diferenciar el impacto de los andrógenos de las diferencias cromosómicas (XX o XY) y así aislar el efecto hormonal. Los hallazgos demostraron que la presencia de testículos, y por ende de andrógenos, influye en que los progenitores del encéfalo posterior exhiban un menor grado de maduración y una mayor proliferación celular, independientemente del sexo cromosómico del individuo.

Este fenómeno de inhibición en la diferenciación celular, inducido por los andrógenos, se correlaciona con la mayor vulnerabilidad de los varones al desarrollo del PFA y su evolución más desfavorable. Los análisis de expresión génica y enriquecimiento de rutas celulares reforzaron la idea de que los andrógenos no solo inhiben la diferenciación glial, sino que también promueven la proliferación durante etapas críticas del desarrollo embrionario, lo que plantea nuevas preguntas sobre el tratamiento de esta enfermedad.

Los investigadores también realizaron experimentos que confirmaron que la señalización a través del receptor de andrógenos potencia tanto el crecimiento como las características de células madre en líneas celulares derivadas de pacientes con PFA, tanto varones como niñas. La exposición a testosterona demostró un aumento significativo en las características de estas células, abriendo la puerta a la posibilidad de emplear terapias anti-androgénicas como una estrategia clínica prometedora para un cáncer que actualmente no cuenta con alternativas efectivas. Este avance podría cambiar el enfoque del tratamiento del PFA, brindando esperanza a los pequeños afectados por esta agresiva patología cerebral.