En el ámbito de las relaciones de pareja, surge inevitablemente la interrogante sobre si la atracción sexual es suficiente para sostener un vínculo a lo largo del tiempo. La química que inicialmente une a dos personas genera una energía intensa que puede parecer inquebrantable al comienzo de la relación. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, las responsabilidades diarias, las preocupaciones y los cambios en las personas comienzan a poner a prueba esa conexión que se creía sólida. Las estadísticas indican que una gran parte de las consultas en terapia de pareja se centra en el desgaste del deseo y la dificultad para mantener una conexión emocional que trascienda lo físico.
Psicoanalistas y terapeutas suelen recibir a parejas que se preguntan por qué, a pesar de que la vida sexual es satisfactoria, la relación enfrenta dificultades. ¿Qué falta en esos vínculos cuando el sexo ya no es suficiente? ¿Por qué la pasión, que al principio era desbordante, parece desvanecerse con el tiempo? Estas cuestiones, aunque comunes, son profundamente íntimas y abren la puerta a discutir qué elementos son fundamentales para mantener una relación duradera más allá de la atracción inicial.
Eduardo Claudio Drucaroff, médico y psicoanalista de la Universidad de Buenos Aires, ha observado en su práctica que muchas parejas enfrentan dilemas que a menudo no se expresan abiertamente. "La sexualidad suele ser un eje central en cualquier relación, pero su relevancia varía de acuerdo a cada pareja", explica Drucaroff. Las preguntas que surgen en el consultorio indican que las parejas se cuestionan sobre su situación: ¿Qué sucede con nosotros? ¿Por qué la pasión parece extinguirse? ¿Cómo es que lo que antes era un juego ahora se convierte en un tema delicado?
La sexualidad puede ocupar un lugar preponderante en las consultas, a menudo debido a lo que no se dice. Existen silencios que comunican más que las palabras, y síntomas que llenan el vacío de lo no expresado. Factores como la llegada de un hijo, tensiones laborales, el cansancio acumulado o las presiones sociales pueden hacer que el erotismo se desplace a un segundo plano. Drucaroff identifica un momento crítico en las parejas: la llegada de los hijos, un acontecimiento que puede desplazar la atención del vínculo hacia el infante, haciendo que muchos padres sientan que han perdido su espacio en la relación.
Es importante entender que, aunque la sexualidad es un aspecto relevante, no es el único pilar de un vínculo saludable. Drucaroff propone considerar lo que llama “sistemas motivacionales”, que incluyen el deseo sexual, la búsqueda de protección, la necesidad de reconocimiento y la regulación emocional. Estas fuerzas se entrelazan y conforman la vida en pareja. El deseo puede ser el catalizador que enciende el contacto, pero otros factores como el apego emocional, la admiración mutua y el compañerismo son los que realmente fortalecen la relación cuando la pasión comienza a flaquear.
En la cotidianidad, esto se manifiesta en situaciones sencillas: una discusión sobre gastos, un gesto de afecto en una sala de espera o el silencio compartido en una noche de insomnio. Estos momentos reflejan la búsqueda de refugio en el “nosotros” que se va construyendo día a día. Aunque el deseo físico pueda ausentarse, el proyecto compartido, la sensación de ser elegidos mutuamente y la capacidad de enfrentar juntos los desafíos son los elementos que marcan la diferencia en la fortaleza de la relación.
María Fernanda Rivas, psicóloga y psicoanalista, también destaca la importancia de la comunicación y el entendimiento mutuo como esenciales para la perdurabilidad del vínculo. A medida que las parejas evolucionan, es fundamental que encuentren formas de expresar sus necesidades y deseos de manera abierta, permitiendo que la relación se adapte y crezca en lugar de estancarse. La química sexual, aunque significativa, debe complementarse con una conexión emocional profunda para que una relación no solo sobreviva, sino que prospere a lo largo de los años.



