El huevo es un alimento esencial en la dieta de millones de personas debido a su amplia versatilidad y su valor nutricional. Sin embargo, es común que muchos consumidores cometan errores al almacenarlos, lo que puede afectar tanto su frescura como su seguridad. Uno de los errores más frecuentes es guardar los huevos en la puerta del refrigerador. A pesar de que muchos electrodomésticos tienen compartimentos destinados a este fin, los expertos en conservación advierten que esta práctica puede ser perjudicial para la calidad del producto.

Las autoridades sanitarias, como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos, establecen que los huevos deben ser almacenados a una temperatura constante de 4 °C o menos. La puerta del refrigerador, sin embargo, es la parte más cálida y menos estable térmicamente. Cada vez que se abre la puerta, los huevos se exponen a fluctuaciones de temperatura que pueden provocar microfisuras en la cáscara, facilitando así la entrada de bacterias.

Investigaciones de la Universidad de Harvard han demostrado que estas variaciones térmicas provocan la formación de microcondensación en la superficie del huevo. Dado que la cáscara es porosa, esta condensación puede actuar como un vehículo para las bacterias externas, aumentando el riesgo de contaminación por Salmonella enteritidis. Este tipo de contaminación constituye un grave riesgo para la salud, especialmente si los huevos no se cocinan adecuadamente.

Otro error común que cometen los consumidores es lavar los huevos antes de almacenarlos. Un estudio publicado en la revista científica Poultry Science evidenció que el lavado de los huevos destruye la cutícula, una capa proteica que actúa como barrera natural. Esta cutícula sella los más de 7,000 poros presentes en la cáscara y su eliminación permite que los patógenos, como las bacterias, penetren más fácilmente. Especialistas de la Clínica Mayo apoyan esta conclusión, advirtiendo que muchos huevos comerciales ya han pasado por un proceso de sanitización industrial antes de llegar al consumidor.

El Servicio de Inocuidad e Inspección de Alimentos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) recomienda que los huevos se almacenen en las repisas centrales o inferiores del refrigerador. Estas áreas ofrecen un ambiente más constante y frío, lo que resulta óptimo para la conservación del alimento. Además, es importante mantener los huevos en su envase original, ya que esto ayuda a protegerlos de olores y sabores indeseados, y minimiza el riesgo de contaminación cruzada.

Las pautas de salud internacionales también sugieren que los consumidores deben consumir los huevos en el orden en que fueron comprados para evitar que se pasen de fecha. En el caso de que los huevos sean batidos para preparaciones futuras, deben ser refrigerados de inmediato en un recipiente hermético y consumidos en un plazo de 24 horas.

Por último, es importante desmitificar algunas creencias populares. Por ejemplo, el conocido test de sumergir los huevos en agua para determinar su frescura no es infalible. La FDA aclara que, aunque un huevo fresco tiende a hundirse, esto no garantiza que esté libre de Salmonella. Por lo tanto, es fundamental no solo prestar atención a la frescura, sino también asegurarse de cocinar los huevos adecuadamente para eliminar cualquier riesgo de enfermedad. La correcta manipulación y almacenamiento de los huevos son pasos cruciales para garantizar su seguridad y calidad en la mesa.