El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición que, si bien es comúnmente asociada con la infancia, puede tener un impacto significativo en la vida de los adultos que la padecen. Integrarse socialmente puede convertirse en un desafío monumental para quienes viven con esta condición, lo que ha llevado a muchos a desarrollar estrategias de enmascaramiento. Sin embargo, un reciente estudio ha revelado que esta práctica, lejos de ser beneficiosa, puede acarrear consecuencias negativas para la salud mental de quienes intentan ocultar sus síntomas.

La investigación, publicada en la revista *Research in Neurodiversity*, señala que muchos adultos con TDAH adoptan comportamientos como simular atención, controlar el impulso de moverse o prepararse exhaustivamente para interacciones sociales. Estos mecanismos tienen como objetivo facilitar la inclusión en diversos entornos, ya sea en el ámbito laboral o en la vida cotidiana. Sin embargo, el costo emocional de esta adaptación puede ser alto, manifestándose en formas de agotamiento, ansiedad y depresión, lo que contradice el propósito inicial de la estrategia.

Marisa Mylett, la investigadora principal del estudio y estudiante de doctorado en la Universidad Simon Fraser en Canadá, destaca que aunque estas tácticas pueden generar una sensación temporal de pertenencia, a largo plazo dejan a los individuos con una profunda desconexión de su verdadero ser. Este fenómeno no es nuevo, ya que muchos adultos con TDAH han enfrentado estigmas y comentarios negativos desde una edad temprana, lo que los lleva a sentir que deben camuflar su identidad para ser aceptados.

A través de encuestas realizadas a 202 adultos diagnosticados con TDAH, se evidenció que un abrumador 91% de los participantes admitió haber camuflado sus rasgos para encajar. Este hallazgo pone de manifiesto un problema social más amplio: la necesidad urgente de abordar el estigma que rodea a las condiciones neurodiversas y fomentar una cultura que acepte y celebre la diversidad neurológica. Mylett indica que el hecho de que tantas personas sientan la necesidad de ocultar su verdadero yo sugiere que aún queda un largo camino por recorrer en la búsqueda de una mayor aceptación de las diferencias individuales.

El estudio también revela que las estrategias de enmascaramiento exigen un considerable esfuerzo cognitivo, lo que puede exacerbar problemas de atención y memoria que ya son característicos del TDAH. Esta sobrecarga mental no solo impacta el rendimiento diario, sino que también puede llevar a una espiral descendente de salud mental. Los participantes reportaron una serie de síntomas relacionados con el agotamiento emocional, como irritabilidad y ansiedad, así como la necesidad de recuperarse durante días después de períodos de intensa adaptación social.

Además, muchos de los encuestados experimentaron sentimientos de falta de autenticidad, lo que a menudo se traduce en el síndrome del impostor y en una incertidumbre sobre su propia identidad. Aunque ser auténtico podría representar un camino más saludable, los investigadores subrayan que despojarse de estas estrategias de enmascaramiento puede requerir un esfuerzo considerable y un cambio en la forma en que la sociedad percibe el TDAH. Grace Iarocci, investigadora senior del estudio, enfatiza que estos comportamientos no son una distorsión de la realidad, sino respuestas a presiones sociales reales que los individuos han aprendido a manejar a lo largo del tiempo.

El enmascaramiento en adultos con TDAH es, por tanto, un fenómeno complejo que refleja tanto la lucha por la aceptación social como los costos emocionales asociados. Es fundamental que tanto la comunidad médica como la sociedad en general trabajen para derribar el estigma y crear un entorno más inclusivo, donde las diferencias sean valoradas y aceptadas. Solo así se podrá fomentar un espacio en el que los adultos con TDAH se sientan cómodos siendo ellos mismos, sin la necesidad de ocultar sus características distintivas.