El envejecimiento de la población en Argentina plantea un reto significativo a la estructura de salud actual, que se caracteriza por su fragmentación y falta de coordinación en la atención de los adultos mayores. Esta situación se manifiesta en la dispersión de consultas entre diversos especialistas, donde cada uno aborda un aspecto aislado de la salud del paciente. Cardiólogos, neurólogos, diabetólogos y otros profesionales suelen trabajar de manera independiente, lo que puede llevar a tratamientos que se contradicen entre sí. Esta falta de un enfoque integral, sumada a la escasez de profesionales capacitados en geriatría, genera un escenario cada vez más complejo en hospitales y clínicas del país.
La atención actual a las personas mayores en Argentina a menudo se asemeja a un rompecabezas mal armado, donde cada pieza representa una especialidad médica, pero carece de una imagen completa y coherente. En este contexto, es fundamental replantear cómo se aborda el envejecimiento y cómo se puede acompañar efectivamente a aquellos que buscan mantener su autonomía y calidad de vida en sus propios hogares. La necesidad de un cambio de paradigma en la atención médica se vuelve imperativa, ya que muchas veces los tratamientos no dialogan entre sí y pueden resultar en polifarmacia, donde los pacientes se ven sobrecargados de medicamentos sin un seguimiento adecuado.
Fernando Shalom, un experto en gestión gerontológica, destaca las falencias del sistema actual y propone un enfoque más holístico que contemple no solo la salud física, sino también los aspectos emocionales y sociales que definen la calidad de vida en la vejez. Según Shalom, uno de los principales problemas es la falta de coordinación entre los distintos profesionales que intervienen en la atención del adulto mayor. Esto se traduce en un tratamiento fragmentado que no considera la visión integral de la persona, lo que puede resultar en diagnósticos erróneos y un tratamiento ineficaz.
La falta de geriatras en el país, con apenas setecientos profesionales registrados, agrava la situación. La ausencia de médicos geriatras capacitados para brindar atención integral y la escasa formación en gerontología de las distintas disciplinas de la salud son obstáculos que deben ser superados. Este déficit de especialistas no solo limita el acceso a una atención adecuada, sino que también contribuye a la falta de seguimiento de los tratamientos, como se evidencia en el caso de pacientes que no han revisado sus medicaciones psiquiátricas en años. La atención centrada en el paciente debe ir más allá de lo clínico, considerando quién es la persona, sus necesidades y aspiraciones.
En este sentido, la Valoración Gerontológica Geriátrica Integral se presenta como una herramienta clave para transformar la atención de los adultos mayores. Este enfoque no se limita a una consulta aislada, sino que implica un proceso exhaustivo que puede extenderse por un mes, en el cual se evalúan aspectos clínicos, funcionales, cognitivos y emocionales. La evaluación es interdisciplinaria y se realiza con la participación de un equipo que incluye geriatras, gerontólogos, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, psiquiatras y nutricionistas. Este proceso permite obtener una visión completa del estado del paciente y establecer un plan de atención personalizado que respete su autonomía y deseos.
La implementación de una atención integral y coordinada es fundamental para asegurar que los adultos mayores reciban el cuidado que necesitan. Este cambio no solo mejoraría la calidad de vida de los pacientes, sino que también aliviaría la presión sobre un sistema de salud que enfrenta un creciente desafío demográfico. Al adoptar un enfoque más holístico y colaborativo, se puede asegurar un futuro más saludable y digno para la población envejecida en Argentina, permitiendo que quienes atraviesan la vejez mantengan su autonomía y continúen viviendo de manera plena en sus hogares.


