Investigadores han logrado desentrañar el proceso molecular que transforma el contacto físico en impulsos eléctricos que son interpretados por el cerebro. Este hallazgo, publicado en la revista Nature, está relacionado con la proteína PIEZO2, la cual juega un papel crucial en la detección de estímulos leves en la piel. Este avance abre nuevas posibilidades para entender trastornos sensoriales y el desarrollo de tecnologías médicas innovadoras.
El estudio, liderado por Ardem Patapoutian del Scripps Research y un equipo de expertos de Harvard, reveló que PIEZO2 interactúa físicamente con el citoesqueleto celular a través de la proteína filamina B. Esta conexión permite que el canal iónico distinga entre diversas fuerzas y convierta un roce suave o una presión ligera en una señal eléctrica. Según los autores, la sensibilidad particular al tacto leve depende de la relación directa entre PIEZO2 y filamina B, a diferencia de otros canales que responden a distensiones generales.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo utilizó células modificadas genéticamente y técnicas avanzadas como la crio-microscopía electrónica. Estos métodos les permitieron observar la estructura atómica de PIEZO2 y su respuesta a estímulos físicos controlados. Los resultados demostraron que cualquier alteración en la conexión entre el canal iónico y el citoesqueleto disminuía significativamente la capacidad de detectar estímulos suaves, confirmando así su rol esencial en la percepción táctil fina. Este descubrimiento puede tener implicaciones significativas en el tratamiento de trastornos sensoriales y en el desarrollo de tecnologías que mejoren la comprensión del sistema nervioso.



