La situación energética en Cuba ha alcanzado niveles críticos, obligando a la población a adaptar sus rutinas diarias a la escasez de electricidad. En un contexto donde las horas de suministro eléctrico se han reducido drásticamente, los cubanos se ven forzados a buscar alternativas creativas para sobrellevar la falta de servicios básicos. La escena se repite en barrios de toda la isla: a medida que cae la tarde y las luces se apagan, los habitantes prefieren salir a las calles, donde encuentran un alivio a la sofocante calor y la falta de aire acondicionado. Los niños improvisan juegos en la calle, mientras los adultos intentan organizar sus actividades diarias con una logística que se ha vuelto cada vez más complicada.

Según un reciente informe de la Unión Eléctrica, la capacidad de generación eléctrica en el país se sitúa en alrededor de 1.133 megavatios (MW), frente a una demanda que supera los 2.700 MW. Este déficit se traduce en apagones que en muchas ocasiones superan las 20 horas diarias en ciudades como La Habana. El récord de falta de electricidad se alcanzó el 13 de mayo, con un déficit de 2.153 MW, cifra que se vio superada al día siguiente. Este panorama desolador ha llevado a que, en su pico, más del 50% de la población se quedara sin energía simultáneamente, lo que ilustra la magnitud de la crisis.

En este contexto, el ingenio se ha convertido en la principal herramienta de los cubanos. Marylin Álvarez Domínguez, una cosmetóloga de 50 años que vive en Bahía, La Habana, cuenta cómo la falta de electricidad y la escasez de gas han cambiado su vida. Para ella y su familia, adaptar sus hábitos se ha vuelto una cuestión de supervivencia. El marido de Marylin, Ángel Rodríguez Hernández, un mecánico de 56 años, ha construido una hornilla eléctrica casera debido a la falta de gas licuado. La familia se ha visto obligada a cocinar al aire libre utilizando carbón, una solución que, aunque improvisada, les permite seguir adelante.

Una de las maneras más ingeniosas que ha surgido en medio de esta crisis es la creación de dispositivos caseros. Rodríguez ha logrado ensamblar un televisor utilizando una pantalla de laptop rota y una batería de motocicleta, lo que les permite disfrutar de algunos momentos de entretenimiento familiar. Sin embargo, la carga dura poco tiempo, lo que refleja la precariedad en la que viven muchas familias cubanas. Este tipo de adaptaciones se han vuelto comunes, y son parte de una narrativa más amplia sobre la resistencia de los cubanos frente a la adversidad.

Las redes sociales también están actuando como un canal para visibilizar la difícil situación. Un video viral de TikTok, en el que una madre cubana comparte su experiencia sobre cómo sobrevivir con tan solo tres horas de luz al día, ha resonado con muchos. La autora del clip, Ali Noriega, expresa el desafío de tener que realizar en pocas horas lo que en otras partes del mundo se hace con tiempo de sobra. Su mensaje, lejos de ser un lamento, resuena como un testimonio de la dignidad y el amor con que los cubanos enfrentan esta dura realidad cotidiana.

Por su parte, aquellos que cuentan con mayores recursos económicos han optado por invertir en soluciones como paneles solares. Natividad Hernández, una jubilada de 61 años que alquila habitaciones en su hogar, adquirió paneles solares, aunque aún no ha podido costear la instalación de baterías para almacenar la energía. Esto limita el uso de su sistema a las horas diurnas, pero ella considera que es un avance significativo. A pesar de los desafíos, la población cubana continúa buscando formas de adaptarse y encontrar soluciones en medio de la crisis, evidenciando un espíritu resiliente en tiempos de adversidad.