La idea de que la contaminación es un problema que solo afecta a las grandes ciudades está empezando a ser cuestionada. Un nuevo informe revela que las áreas rurales, comúnmente vistas como refugios de pureza, también enfrentan serios desafíos relacionados con la presencia de tóxicos en el medio ambiente. La investigación, elaborada por expertos en química analítica, pone de manifiesto que los entornos campestres no son tan limpios como se pensaba.

Óscar Pindado Jiménez, doctor en Química Analítica y miembro del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), señala que los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), sustancias asociadas tradicionalmente a la contaminación urbana, han sido detectados en el aire de zonas rurales. Estos compuestos, que son cancerígenos, han alcanzado niveles que rivalizan con los de las ciudades. Esta situación plantea interrogantes sobre la verdadera calidad del aire en estos espacios, ya que el humo de chimeneas, que muchos no asocian con riesgos ambientales, es una de las principales fuentes de estos contaminantes.

Además de los PAH, otro de los problemas preocupantes son los residuos de antibióticos que contaminan suelos agrícolas, provenientes tanto de la ganadería intensiva como de desechos urbanos. Se estima que entre el 30 % y el 80 % de los antibióticos utilizados en la producción animal se encuentran en estiércol y purines que se aplican como fertilizantes. En el ámbito urbano, el uso excesivo de estos medicamentos genera grandes cantidades de residuos que, tras pasar por plantas de tratamiento, terminan en ríos y eventualmente en el entorno rural. Esta situación contribuye al desarrollo de resistencia antimicrobiana en bacterias, lo que podría tener graves implicancias para la salud pública y la sostenibilidad del ecosistema.