Un hombre ha sido sentenciado a 15 años de prisión por haber abusado sexualmente de su hija menor de edad en Salta. Este caso, que ha conmocionado a la sociedad, se desarrolló durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, mientras el acusado cumplía arresto domiciliario por un delito federal. La decisión fue tomada por el juez Martín Pérez, quien consideró que los hechos constituyen un abuso sexual con acceso carnal agravado, dada la relación de parentesco y convivencia entre el autor y la víctima.
La fiscalía provincial, representada por Celina Morales Torino, detalló que los abusos comenzaron en el año 2020, cuando la niña tenía apenas 11 años. En un contexto de aislamiento social, el hombre se aprovechó de la situación, ya que la madre de la niña se ausentaba para ir a trabajar, lo que le permitió someter a su hija en múltiples ocasiones. Este ciclo de abuso se prolongó hasta que la niña cumplió 13 años, momento en el que el acusado fue nuevamente detenido por otra causa penal, lo que puso fin a este terrible capítulo en la vida de la menor.
Durante el juicio, que se llevó a cabo entre el 30 de junio y el 3 de julio, se presentaron pruebas que demostraron la meticulosidad con la que el hombre había planeado sus actos. La fiscal sostuvo que actuó con "planificación perversa", utilizando su autoridad como padre para ejercer un control absoluto sobre la menor. Según la acusación, el imputado no sólo afectó la integridad sexual de la niña, sino que también interrumpió su inocencia y quebrantó el deber de protección que todo padre debe garantizar a sus hijos.
Se reveló que el acusado, en varias ocasiones, suministró a la niña bebidas que le provocaban efectos adversos, como visión doble y somnolencia. Esto le facilitaba llevar adelante los abusos. Además, utilizó amenazas psicológicas, advirtiéndole que si contaba lo que sucedía, podría ocasionar daño a otros miembros de la familia o incluso poner en riesgo la vida de su madre. Estas tácticas de manipulación contribuyeron a mantener el silencio de la víctima durante un largo periodo.
El momento que permitió romper este ciclo de abuso ocurrió cuando, tras una llamada del padre desde el lugar de detención, la niña decidió hablar con su maestra sobre lo que había sufrido. Este testimonio fue crucial para que se iniciara la causa penal y se comenzara a buscar justicia. La valentía de la menor al contar su experiencia fue un paso determinante para que el caso saliera a la luz y se diera inicio a un proceso judicial que, aunque doloroso, buscaba reparar el daño causado.
En el juicio, también testificaron profesionales de la salud que habían trabajado con la menor, quienes describieron un cuadro emocional y psicológico muy comprometido. Los informes médicos y psicológicos apuntaron a la existencia de ideaciones suicidas, trastornos del sueño y otros síntomas psicosomáticos que evidenciaban el profundo daño que había sufrido. Las pericias médicas corroboraron indicios compatibles con abuso sexual, lo que reforzó la acusación contra el imputado.
Finalmente, en la audiencia de clausura, el tribunal no sólo encontró al acusado culpable de los delitos imputados, sino que también reconoció la gravedad de la situación y la necesidad de una respuesta contundente por parte del sistema judicial. La condena de 15 años de prisión refleja un compromiso con la protección de los derechos de las víctimas y un mensaje claro sobre la intolerancia ante el abuso sexual, especialmente cuando se trata de niños y adolescentes.



