El sistema de salud en Líbano enfrenta una creciente crisis a raíz de los ataques de las Fuerzas Armadas israelíes, que han dejado un saldo trágico de 886 muertos y 2.141 heridos desde el inicio de la ofensiva el 2 de marzo. Estos datos, proporcionados por el Ministerio de Sanidad, reflejan la gravedad de la situación en un contexto donde los profesionales de la salud también sufren las consecuencias de las hostilidades. En total, 38 miembros del personal sanitario han perdido la vida y 69 han resultado heridos, lo que agrava la ya crítica atención médica en la región.

Los ataques han provocado el desplazamiento de más de 800.000 personas, generando una grave crisis humanitaria, especialmente en las áreas cercanas a la frontera sur del país. La escalada de violencia se intensificó tras el bombardeo israelí en respuesta a enfrentamientos con la milicia chií Hezbolá, en el marco de una operación conjunta con Estados Unidos contra Irán, que culminó con la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Esta situación ha ocasionado un aumento significativo en las bajas civiles y un éxodo masivo en regiones limítrofes.

El Ministerio de Sanidad ha indicado que las localidades más afectadas son aquellas en el sur de Líbano, donde las operaciones militares son más frecuentes. Los servicios de salud operan en condiciones extremadamente difíciles, con limitaciones logísticas que agravan el acceso a la atención médica. A medida que crecen las cifras de fallecidos y heridos, los funcionarios del sector salud alertan sobre el riesgo de un colapso del sistema sanitario si la ofensiva persiste. Además, las condiciones precarias en las que viven los desplazados dificultan el acceso a servicios básicos como refugio, alimentos y atención médica, poniendo en riesgo el bienestar de miles de familias.