El Departamento de Salud de Texas ha anunciado que, a partir del 31 de marzo, se prohibirá la venta de productos de cannabis para fumar en todos los establecimientos del estado. Esta medida se implementa tras la aprobación de una normativa que responde a un mandato del gobernador Greg Abbott, marcando un cambio significativo en la industria del cáñamo en la región.

Según informes, esta restricción afectará la disponibilidad de flores y extractos de cannabis que puedan ser consumidos mediante combustión. La decisión de las autoridades texanas se basa en la necesidad de mejorar los procesos de control sobre los cannabinoides y en la falta de avances legislativos para regular de forma más estricta los productos que contienen THC.

La nueva normativa también establece incrementos significativos en las tarifas anuales que deben abonar los comercios y los productores de cáñamo. Los puntos de venta deberán pagar USD 5.000 anualmente, mientras que los productores enfrentarán un costo de USD 10.000, cifras que superan ampliamente los aranceles anteriores. A pesar de las preocupaciones de comerciantes y consumidores, la tenencia de productos de cannabis no se verá afectada por estas restricciones, aunque los comestibles tendrán que cumplir con nuevas regulaciones de etiquetado y calidad.