Ecuador ha visto un descenso en el Índice Chapultepec de Libertad de Expresión y Prensa, un indicador que pone de relieve la creciente violencia contra los periodistas en el país. En medio de un panorama marcado por asesinatos, agresiones sistemáticas y la proliferación de áreas donde informar se ha vuelto extremadamente peligroso, la situación se torna alarmante. Este retroceso no solo refleja una disminución en la libertad de prensa, sino que también plantea serias dudas sobre la salud democrática del país.

El Índice Chapultepec, elaborado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), evalúa las condiciones de libertad de expresión en América Latina a partir de tres ejes fundamentales: la capacitación de la ciudadanía en temas de información, la respuesta del Estado ante la violencia y la impunidad hacia los comunicadores, así como el control ejercido sobre los medios. En su última edición, que abarca el período del 2 de noviembre de 2024 al 1 de noviembre de 2025, Ecuador alcanzó apenas 38,42 puntos sobre 100, clasificándose en la categoría de “alta restricción” a la libertad de expresión.

Este puntaje ubica al país por debajo del promedio regional de 47,13 puntos y muy lejos de naciones con mejores indicadores, como República Dominicana, Chile y Canadá. Uno de los aspectos más preocupantes es la escasa respuesta estatal frente a la violencia contra periodistas, donde Ecuador apenas obtuvo 9,35 puntos de un máximo de 40. Según un informe de Fundamedios, en 2025 se registraron 230 agresiones contra la prensa en 22 provincias, entre las que se encuentran cinco asesinatos. Esta situación ha llevado a al menos 16 comunicadores a abandonar sus ciudades o incluso el país por amenazas relacionadas con su labor.

La violencia no se limita a grupos criminales; de las agresiones documentadas en 2025, 114 fueron perpetradas por agentes estatales. Las agresiones incluyen restricciones al acceso a información, actos de censura y discursos que estigmatizan a los periodistas. Estos factores han generado un clima de miedo que inhibe la cobertura de temas críticos, como la seguridad y la corrupción. La aparición de “zonas silenciadas” es otro fenómeno preocupante, donde el riesgo de violencia hace que los periodistas eviten informar, lo que podría tener consecuencias devastadoras para la libertad de prensa en Ecuador.