En un contexto donde las necesidades energéticas de México continúan en aumento, más de 80 organizaciones no gubernamentales, incluyendo a la Alianza Mexicana Contra el Fracking, han manifestado su preocupación ante la reciente postura de la presidenta Claudia Sheinbaum. Durante una conferencia de prensa, Sheinbaum abrió la puerta a la exploración de un modelo de 'fracking sustentable', lo que despertó el escepticismo de estos grupos, quienes enfatizan que, aunque la idea pueda ser atractiva en teoría, no tiene sustento en la realidad. La presidenta, en un giro inesperado, defendió esta técnica de extracción de gas no convencional como una estrategia para fortalecer la soberanía energética del país, argumentando que sería posible hacerlo de manera que minimice el impacto ambiental.

Las organizaciones criticaron la propuesta de la mandataria al señalar que la creación de un comité científico para evaluar la viabilidad del 'fracking sustentable' contradice los compromisos previamente establecidos por su gobierno, que se había manifestado en contra de esta técnica de extracción. En su comunicado, las ONG recordaron que la evidencia científica que pone de manifiesto los riesgos asociados al 'fracking' ha sido recopilada meticulosamente durante más de 15 años por investigadores independientes, con más de 2.300 estudios que documentan los efectos adversos de esta práctica en diferentes contextos.

Uno de los puntos destacados por las organizaciones fue la mención de la posibilidad de utilizar agua residual tratada, agua producida en campos petroleros en etapas avanzadas de explotación y hasta agua de mar en este proceso. Sin embargo, advirtieron que, aunque estas alternativas han sido probadas en diversas localidades de Estados Unidos, su implementación no se ha generalizado debido a los altos costos que implican, que oscilan entre 5 y 10 millones de dólares por instalación. Este aspecto económico es crucial, sobre todo en el contexto actual de crisis energética y la necesidad de encontrar soluciones accesibles y sostenibles.

Las ONG también hicieron hincapié en que la soberanía energética no se alcanzará a través de la explotación de las reservas de gas que se encuentran en declive en México. Aún si se lograra extraer todo el gas disponible en el país, este no sería suficiente para satisfacer la creciente demanda de gas fósil, la cual supera las proyecciones de producción planteadas por la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex). Según estos pronósticos, se estima que para el año 2035 se alcanzará un volumen de 4,988 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), cifra que no cubriría la actual demanda de 9,000 MMpcd.

En su defensa del 'fracking sustentable', Sheinbaum subrayó la importancia de estar abiertos a nuevas tecnologías que prometen menores impactos ambientales, en un intento por equilibrar la necesidad de energía con la preocupación por el medio ambiente. Sin embargo, su reconocimiento de haber hablado en contra del 'fracking' tradicional añade una capa de complejidad a su actual postura, lo que ha llevado a que muchos se cuestionen la sinceridad de este nuevo enfoque. Las críticas de las organizaciones ecologistas continúan en aumento, advirtiendo sobre la peligrosidad de flexibilizar las normativas en un área tan delicada como la extracción de hidrocarburos.

Este debate sobre el uso del 'fracking', ya sea en su forma tradicional o bajo la etiqueta de 'sustentable', refleja una tensión inherente entre el desarrollo económico y la protección del medio ambiente. Las decisiones que tome el gobierno en este sentido no solo afectarán la política energética del país, sino también la salud ambiental y social de las comunidades que dependen de estos recursos. En un momento en que la transición hacia energías más limpias es fundamental, la discusión sobre la viabilidad del 'fracking' y su impacto se vuelve más relevante que nunca para el futuro energético de México.