El Presidente Javier Milei ha vuelto a posicionarse en el centro de la controversia, reconfigurando una vez más el mapa de sus adversarios. Esta semana, las críticas se intensificaron, abarcando desde empresarios que lo acusan de prebendas hasta denuncias de complots mediáticos en su contra. A pesar del discurso libertario que solía centrar la culpa en administraciones anteriores, la creciente inflación, que ya lleva nueve meses en aumento, ha colocado la responsabilidad económica directamente sobre sus hombros.

En medio de este clima de tensiones, el Gobierno intentó minimizar los efectos de la crisis generada por el viaje en avión presidencial de Betina Angeletti, esposa del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Durante tres días, el Ejecutivo se dedicó a elaborar una estrategia de comunicación que buscaba presentar al funcionario como víctima de un supuesto complot opositor, mientras trataba de reforzar su imagen mediante una campaña de respaldo en redes sociales. Diego Santilli, ministro del Interior, fue uno de los principales voceros, afirmando: “No permitiremos que el kirchnerismo intente desestabilizar al Gobierno una vez más”.

Las especulaciones sobre el viaje de Angeletti a Nueva York se intensificaron cuando Radio Jai reveló su presencia en la comitiva oficial, lo que llevó a cuestionar la transparencia de la decisión. Manuel Adorni se defendió, argumentando que la invitación a su esposa era necesaria por la carga laboral que debía afrontar. A medida que el escándalo se desarrollaba, el apoyo de sus compañeros de gabinete comenzó a llegar, aunque las divisiones internas dentro del oficialismo se volvían cada vez más evidentes. En un contexto de creciente tensión, el futuro de Milei y su gestión se encuentra en un punto crítico.