En un giro significativo en el ámbito de la libertad religiosa en China, el pastor Jin Mingri, conocido también como Ezra Jin y fundador de la Iglesia de Sión, fue liberado tras casi nueve meses de detención. Su excarcelación, anunciada por la organización Human Rights Foundation (HRF), representa un momento de esperanza, aunque la situación de otros miembros de su congregación sigue siendo preocupante. La Iglesia de Sión, que ha crecido en Pekín desde su fundación en 2007, se ha convertido en una de las congregaciones protestantes no oficiales más relevantes del país, desafiando así las estrictas regulaciones impuestas por el gobierno chino.
Jin Mingri fue arrestado en octubre del año pasado durante una amplia operación del gobierno que buscaba desarticular a líderes y miembros de iglesias no registradas. Esta acción fue calificada por HRF como la ofensiva más importante contra este tipo de congregaciones en las últimas cuatro décadas. Inicialmente, alrededor de treinta personas asociadas a la Iglesia de Sión fueron detenidas, de las cuales catorce han sido liberadas, mientras que al menos ocho permanecen en custodia policial. La situación pone de relieve la creciente represión que enfrentan las comunidades religiosas en China, donde las libertades individuales son constantemente vulneradas.
Las acusaciones contra Jin Mingri comenzaron con un cargo de “uso ilegal de redes de información” debido a la difusión de sermones a través de internet. Esto se produjo tras el cierre de la sede física de la iglesia en 2018, lo que llevó a la congregación a operar de manera clandestina. Sin embargo, esas acusaciones fueron cambiadas a “operaciones comerciales ilegales”, aunque finalmente fue liberado sin una condena formal. La situación de Jin es un reflejo de un sistema judicial que a menudo carece de transparencia y equidad, donde las acusaciones son utilizadas como herramientas de control.
Claudia Bennett, responsable legal de HRF, expresó su alegría por la liberación del pastor, destacando la importancia de su reencuentro con la familia. Sin embargo, también subrayó que el desenlace es incompleto mientras otros miembros de la iglesia sigan detenidos. La esposa de Jin, Anna Chunli Liu, hizo un llamado a la comunidad internacional para que no se relaje la presión sobre el gobierno chino para garantizar la liberación de los demás pastores y colaboradores que aún se encuentran bajo arresto.
La organización HRF ha estado activa en la defensa de los derechos de Jin y otros detenidos, y en mayo presentó una petición ante el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria. La presión internacional parece haber jugado un papel crucial en la liberación de Jin, lo que podría reflejar una apertura limitada en las políticas del gobierno chino hacia la comunidad religiosa. La hija de Jin, Grace Jin Drexel, manifestó su gratitud hacia Dios y figuras como el expresidente estadounidense Donald Trump, quien, durante su visita a Pekín, discutió temas de derechos humanos con el presidente chino, Xi Jinping.
La Iglesia de Sión ha mantenido su independencia al negarse a integrarse al Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías, la entidad oficial que regula el protestantismo en China. Esta decisión ha llevado a la iglesia a ser considerada como no registrada y, por ende, a estar bajo una vigilancia más estricta. A pesar de las dificultades, la comunidad de Sión ha persistido en su labor, ofreciendo un espacio de fe y esperanza a muchos, en un contexto donde la libertad religiosa es un concepto en constante disputa.
En resumen, la liberación de Jin Mingri es un hito en la lucha por la libertad religiosa en China, aunque la realidad sigue siendo compleja y desafiante. La comunidad internacional debe continuar observando y presionando para que se respeten los derechos humanos en el país, especialmente en lo que respecta a la libertad de culto. La situación de los otros miembros de la Iglesia de Sión y de las iglesias no registradas en general sigue siendo un tema de gran relevancia y urgencia, que requiere atención y acción.



