Una imagen curiosa de un funcionario de la dictadura franquista ha resurgido en la memoria colectiva. En marzo de 1966, el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, fue fotografiado en la playa de Palomares, Almería, luciendo un traje de baño oscuro y una expresión seria, propia de los representantes del régimen de Francisco Franco. La fotografía, que fue ampliamente difundida por los medios controlados por el gobierno, se convirtió en un símbolo de una campaña para minimizar la preocupación sobre la posible contaminación radiactiva en la zona.
El contexto detrás de esta imagen es crucial. Solo dos meses antes, una bomba termonuclear estadounidense había caído en la playa, aunque afortunadamente no había detonado. Sin embargo, los rumores sobre la radioactividad generaban inquietud entre los habitantes locales y ponían en jaque la imagen de un Franco que intentaba mostrar una España moderna y segura. La necesidad de desmentir estos rumores era imperiosa tanto para el régimen español como para el gobierno de Estados Unidos, inmerso en la Guerra Fría.
Fraga Iribarne no estaba solo en esta estrategia de comunicación; en la misma ocasión, el embajador estadounidense, Angier Biddle Duke, y otros diplomáticos también se unieron a la actividad de playa, asegurando que el agua era segura. Este acto no solo buscaba apaciguar a la población local, sino que también tenía un objetivo económico: el turismo comenzaba a ser crucial para la economía española y era vital mostrar que las costas mediterráneas eran atractivas y libres de riesgos. En este sentido, la imagen de Fraga fue un intento de fomentar la inversión en el sector turístico y reafirmar la seguridad de las aguas españolas en un contexto de creciente interés internacional.



