En una reciente entrevista, el exministro de Relaciones Exteriores Felipe Solá ofreció una visión crítica sobre la situación judicial que enfrenta Cristina Kirchner, a la que atribuyó a un "miedo político" que, según él, se manifiesta en las decisiones de la justicia. En sus declaraciones, Solá defendió la necesidad de una unidad sólida dentro del peronismo de cara a las elecciones de 2027 y subrayó la crisis de representación que enfrenta el partido, especialmente en el contexto actual de oposición al gobierno de Javier Milei.

Solá fue contundente al exponer su percepción sobre el presente del peronismo, haciendo hincapié en que el partido no está logrando conectar con el electorado argentino: "No le están hablando al pueblo argentino". Al abordar la situación de la exvicepresidenta, enfatizó que las restricciones impuestas a su libertad son consecuencia de un "miedo político" que busca limitar su influencia: "Es miedo, miedo político a Cristina Kirchner", afirmó. Esta perspectiva sugiere que las decisiones judiciales que afectan a Kirchner no son meramente legales, sino que están impregnadas por intereses políticos y un temor a su potencial retorno al poder.

El exfuncionario también se refirió a sus visitas personales a Cristina Kirchner, rechazando la noción de prisión como un medio de castigo. Solá argumentó que las cárceles no deben ser utilizadas para castigar, sino para proteger a quienes no han delinquido. En este sentido, sostuvo que las condiciones restrictivas que enfrenta Kirchner no solo son injustas, sino que están motivadas por la necesidad de demostrar poder desde el ámbito judicial: "La justicia le tiene que mostrar el poder para limitar el poder. Es miedo político a Cristina Kirchner".

A su vez, el exministro comparó el trato judicial hacia otros dirigentes como Julio De Vido y Héctor Timerman, sugiriendo que también están sujetos a un clima de odio político. Solá resaltó la desigualdad en la aplicación de la justicia, cuestionando por qué algunos políticos enfrentan un tratamiento más severo que otros, lo que, según él, refleja una crisis más profunda dentro del sistema judicial argentino.

En relación a la situación actual del peronismo, Solá mostró una postura autocrítica respecto a la falta de conexión con la ciudadanía. Reconoció que el movimiento enfrenta un desafío significativo para encontrar el lenguaje adecuado que le permita comunicarse efectivamente con los argentinos. Esta crisis de representación, según él, pone en riesgo la relevancia del peronismo frente a la creciente figura de Javier Milei y otros actores políticos emergentes.

Sobre el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, Solá se mostró favorable, destacando su transparencia y honestidad. A pesar de considerarlo un potencial candidato fuerte para 2027, advirtió sobre los peligros de una campaña prematura y la necesidad de estar alertas ante la aparición de candidatos externos que puedan desestabilizar el panorama político tradicional. Asimismo, el exministro realizó un análisis sobre la coparticipación y la situación fiscal de las provincias, defendiendo la gestión de Gildo Insfrán en Formosa, al que calificó como un ejemplo de igualdad en la distribución de la riqueza, contrastándolo con el resto del país.

Finalmente, Solá enfatizó la importancia de la unidad dentro del peronismo, utilizando una metáfora sobre fósforos para ilustrar su punto: "Creo absolutamente en la unidad. Un fósforo se puede romper. Quince fósforos juntos ya es más difícil. Cien fósforos, andá a rompelos. Creo en la unidad". En sus conclusiones, el exministro abordó la problemática económica del país, señalando la existencia de mercados cautivos y la concentración oligopólica en sectores clave de la economía, lo que limita la competencia y perpetúa la inflación, un tema que preocupa a la ciudadanía en su conjunto.