La madrugada del jueves, Eslovaquia logró reanudar el suministro de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba, que atraviesa Ucrania. Este restablecimiento se produce tras una interrupción de tres meses, ocasionada por los daños sufridos en la infraestructura a raíz de un ataque ruso en el contexto de la guerra que azota a Ucrania. La ministra de Economía eslovaca, Denisa Saková, confirmó en sus redes sociales que el flujo de crudo se está realizando conforme a lo pactado, lo que marca un hito significativo en la relación energética entre ambos países en medio de un clima de tensiones políticas.
El flujo de petróleo había sido anticipado para el día miércoles, pero finalmente comenzó a las 02:00 hora local (00:00 GMT) del jueves. Este retraso generó incertidumbre en Eslovaquia, que depende en gran medida de los suministros rusos para mantener su economía en funcionamiento. La situación refleja la complejidad de las relaciones energéticas en Europa, especialmente en un contexto donde los conflictos bélicos impactan directamente en el abastecimiento de recursos vitales.
Eslovaquia ha defendido su derecho a continuar recibiendo petróleo ruso hasta la fecha de entrada en vigor del veto que la Unión Europea ha establecido para el otoño de 2027. A esto, se suma el anuncio de que el país impugnará dicha restricción ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Este planteamiento se enmarca dentro de una estrategia más amplia del gobierno de Bratislava, que está integrado por una coalición de populistas y nacionalistas que consideran esencial la continuidad del flujo de crudo para la estabilidad económica del país.
Las tensiones entre Eslovaquia y Ucrania también se han intensificado. Desde el gobierno eslovaco se ha afirmado que la infraestructura del oleoducto estaba operativa, sugiriendo que las demoras en el bombeo de combustible por parte de Kiev se debieron a motivos políticos. Esta acusación ha llevado al gobierno de Bratislava a implementar medidas coercitivas contra Ucrania, tales como la suspensión de apoyo a la red eléctrica ucraniana en momentos críticos de crisis energética y la anulación de exportaciones de gasolina hacia el país vecino.
Las repercusiones de estas decisiones podrían ser significativas no solo para la relación bilateral entre Eslovaquia y Ucrania, sino también para su posición dentro de la Unión Europea. Eslovaquia ha expresado su intención de bloquear las negociaciones de adhesión de Ucrania a la UE, una postura que pone de relieve las divisiones internas en el bloque europeo respecto a cómo abordar la crisis en la región. La política energética se convierte así en un campo de batalla donde se entrelazan intereses económicos y consideraciones geopolíticas.
Este episodio resalta la importancia de la seguridad energética en el contexto europeo actual, donde los conflictos armados y las decisiones políticas pueden alterar de manera drástica los flujos de recursos esenciales. La reanudación del oleoducto Druzhba plantea interrogantes sobre la estabilidad futura de las relaciones entre Eslovaquia, Ucrania y el resto de la UE, así como sobre la capacidad de los gobiernos para equilibrar sus intereses nacionales con las exigencias de una comunidad política más amplia.



