El Senado argentino se prepara para comenzar el debate sobre la reforma electoral promovida por el gobierno de Javier Milei, un proceso que se iniciará este miércoles y que ya está marcado por tensiones internas y discrepancias entre aliados. En este contexto, la Comisión de Asuntos Constitucionales, bajo la presidencia de Agustín Coto, se reunirá para llevar a cabo el primer intercambio formal de opiniones sobre el proyecto. Sin embargo, se anticipa que la discusión no avanzará como un paquete unificado, lo que plantea un escenario complejo para el oficialismo.
Uno de los temas que ha cobrado mayor relevancia es la iniciativa conocida como Ficha Limpia, la cual tiene como objetivo prohibir a aquellos individuos condenados por delitos participar en elecciones o asumir cargos públicos. Esta propuesta ha sido objeto de conversaciones entre Patricia Bullrich, líder del bloque libertario en la Cámara alta, y miembros de la oposición que buscan un acuerdo. No obstante, la Casa Rosada ha mostrado su descontento, especialmente los sectores afines a Karina Milei, que prefieren mantener la discusión sobre la reforma en su totalidad, sin fragmentar el debate.
Dentro del oficialismo, existen visiones encontradas respecto a cómo abordar esta reforma. Algunos miembros del bloque reconocen que Ficha Limpia es la propuesta con mayores posibilidades de avanzar rápidamente, dado el consenso que parece generar. En contraposición, otros sectores más intransigentes advierten que separar este capítulo podría debilitar la discusión sobre el resto de las reformas necesarias, lo que podría llevar a que ningún punto clave logre avanzar.
Este malestar se hizo evidente la semana pasada, cuando Gabriel Bornoroni, líder del bloque libertario en Diputados, expresó su desacuerdo con la estrategia de tratar Ficha Limpia como un tema independiente. La preocupación en el oficialismo radica en que, si se aprueba Ficha Limpia, la oposición podría perder incentivos para apoyar las partes más controvertidas del paquete de reformas. Este tira y afloja pone de relieve las dificultades que enfrenta el oficialismo para mantener la cohesión interna y avanzar en su agenda legislativa.
Por su parte, los bloques de oposición que promueven un diálogo consideran que el acuerdo aún se mantiene y que la separación de temas podría facilitar la aprobación de aquellos puntos que generan mayor consenso. Este enfoque permitiría dejar para más adelante los aspectos más complejos de la reforma electoral, que requieren un debate más extenso y delicado. Sin embargo, la estrategia también implica riesgos, ya que podría fragmentar el apoyo al conjunto de la reforma.
Uno de los puntos más polémicos de la propuesta es la eliminación de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), una medida que ha encontrado resistencia en varios bloques y que, según las estimaciones actuales, no contaría con los votos necesarios para ser aprobada. En el Senado se reconoce que eliminar las PASO de manera directa enfrenta un camino complicado, y la posibilidad de suspenderlas, como se hizo en la elección anterior, tampoco garantiza el respaldo suficiente en ambas cámaras.
En este contexto, el entorno de Bullrich ya está considerando una alternativa menos radical: transformar las primarias en un sistema optativo, tanto para los partidos como para los votantes. Esta propuesta podría aparecer como un compromiso que facilite el consenso, aunque aún persiste la incertidumbre sobre si será suficiente para alinear las posiciones dispares dentro del oficialismo y ganar el apoyo de la oposición. Así, el futuro de la reforma electoral se presenta incierto, marcado por la necesidad de alcanzar acuerdos en un ambiente político cada vez más polarizado.



