El politólogo Andrés Malamud, radicado en Lisboa, realizó recientemente una visita a Buenos Aires para presentar su nuevo libro "Operación Argentina", coescrito con Astrid Pikielny. Durante su paso por los medios, Malamud destacó un aspecto polémico de la política argentina actual: el peronismo podría estar interesado en que Javier Milei complete su mandato, con el objetivo de enfrentar lo que él denomina el 'trabajo sucio'. Esta expresión, aunque brusca, refleja un fenómeno recurrente en la historia política del país, donde las etapas de bonanza económica son seguidas por períodos de severa austeridad.
En el contexto argentino, los ciclos económicos han mostrado que las fases de crecimiento suelen ir acompañadas de un aumento desmedido del gasto público. Este gasto se destina a satisfacer las demandas sociales, que parecen no tener límites, y se financia a través de métodos que incluyen el endeudamiento, la emisión de dinero y el incremento de impuestos. Sin embargo, esta estrategia a corto plazo tiende a agudizar, con el tiempo, los desequilibrios en la macroeconomía, lo que inevitablemente conduce a situaciones de crisis.
El término 'escasez' se convierte en un concepto central en el análisis de estas crisis. Este periodo de escasez implica una necesidad urgente de ajustar los gastos para poder equilibrar las cuentas públicas, evitando así catástrofes financieras que podrían ser devastadoras. Históricamente, estas fases de ajuste han estado marcadas por renegociaciones de deuda, impulsadas no por criterios económicos racionales, sino por la agenda política vigente y las prioridades impuestas por los distintos gobiernos.
La escasez, tal como su nombre lo indica, es un tiempo de intensa conflictividad social. Las diferentes partes involucradas en el espectro económico y político suelen mostrar resistencia a aceptar reducciones en sus ingresos, lo que a menudo resulta en tensiones y protestas. La dificultad para aceptar condiciones más restrictivas se convierte en un factor que exacerba la situación, llevando a la población a cuestionar las decisiones del gobierno y a exigir soluciones inmediatas.
La noción de 'trabajo sucio' mencionada por Malamud se refiere precisamente a esos momentos en los que es necesario realizar ajustes dolorosos para evitar colapsos financieros mayores. Ejemplos de estas crisis en la historia argentina son el famoso 'rodrigazo' de 1975, el colapso de la deuda en 1982, las hiperinflaciones de finales de los ochenta y la gran depresión entre 1998 y 2002, así como la estanflación de 2016 y la crisis de deuda de 2018/19. Todas estas experiencias han dejado huellas profundas en la economía argentina, que se ha visto estancada en comparación con otros países de América Latina.
Un aspecto inquietante de esta dinámica es la tendencia de los gobiernos a incurrir en incumplimientos de compromisos, lo que ha pasado a ser un lema en la política actual. Esta situación ha erosionado la confianza de los mercados internacionales en la capacidad del país para hacer frente a sus obligaciones financieras. La falta de credibilidad, consecuencia de un largo historial de renegociaciones y quitas, ha dificultado el acceso a nuevos créditos, limitando aún más la capacidad del Estado para solventar sus gastos.
Finalmente, es importante destacar que los responsables de los recortes presupuestarios suelen ser objeto de críticas y cuestionamientos. Sin embargo, es erróneo pensar que las decisiones de ajuste son meramente voluntarias; en un sistema democrático, los gobiernos generalmente intentan satisfacer las demandas sociales. La percepción de 'generosidad' puede influir en la aprobación del electorado, pero también se enfrenta a la dura realidad de limitaciones económicas que muchas veces escapan al control político. La capacidad de un gobierno para equilibrar el deseo de satisfacer a sus ciudadanos y la necesidad de implementar ajustes es un desafío constante en la historia argentina.



