En una revelación sorprendente, un equipo de investigadores del CONICET ha encontrado en Potrerillos, Mendoza, fósiles de jarilla que ofrecen una visión única sobre la evolución de los ambientes áridos en el sur de Argentina. Este hallazgo, que data de hace 18 millones de años, marca un hito al ser el primer registro mundial de maderas fósiles de la familia Zygophyllaceae, estrechamente relacionadas con el género Larrea. Este descubrimiento no solo enriquece el patrimonio paleontológico argentino, sino que también permite una comprensión más profunda de la adaptación de la flora a condiciones extremas de sequedad.

Los fósiles descubiertos presentan características excepcionales, ya que las maderas petrificadas han conservado estructuras que demuestran su adaptación a la sequía. Utilizando tecnologías avanzadas como la microscopía óptica y electrónica, el equipo identificó células con un tamaño reducido y paredes celulares gruesas, elementos que son claves para la supervivencia de las plantas en climas áridos. Este nuevo hallazgo ha sido clasificado como un nuevo género y especie: Larreoxylon cuyensis, en honor a la región de Cuyo, donde fue encontrado.

Jimena Franco, la investigadora principal de este estudio, subraya la relevancia del descubrimiento para entender no solo el pasado, sino también el presente de la vegetación argentina. Según Franco, estos fósiles evidencian que la jarilla y sus parientes ya habían desarrollado adaptaciones para sobrevivir en condiciones desfavorables hace millones de años, coincidiendo con el proceso de elevación de los Andes, que limitó la llegada de lluvias del océano Pacífico. Este contexto geológico es fundamental para comprender cómo las condiciones climáticas han moldeado la flora de la región.

La jarilla, junto a sus especies relacionadas, pertenece a un linaje que ha logrado perdurar a lo largo de las transformaciones ambientales, especialmente durante el Mioceno, un período caracterizado por drásticos cambios climáticos. La investigación destaca cómo el levantamiento de la cordillera de los Andes, junto a otros factores, propició la expansión de los ambientes áridos, influyendo en la evolución de estas especies vegetales. Este proceso de diversificación es clave para entender la dinámica de la flora en el Cono Sur.

El análisis filogenético realizado por los científicos se basó en las características anatómicas de la madera, lo que permitió elaborar un árbol evolutivo que coincide con estudios moleculares previos. Este enfoque resalta la importancia de la anatomía del leño como herramienta para reconstruir la historia evolutiva de las plantas, incluso en ausencia de material genético. Este tipo de análisis es fundamental para la paleobiología, ya que ofrece una nueva perspectiva sobre cómo se han adaptado las plantas a lo largo del tiempo.

El impacto de este descubrimiento trasciende el ámbito académico, ya que proporciona información valiosa sobre cómo podría reaccionar la vegetación ante futuras condiciones climáticas adversas en el Cono Sur. Franco enfatiza que comprender estos procesos es crucial para anticipar cómo las plantas enfrentarán la expansión de la aridez en la región. Además, la jarilla no solo es relevante desde el punto de vista ecológico, sino que también presenta un potencial biotecnológico significativo, ya que sus extractos están siendo utilizados en diversas aplicaciones, desde productos cosméticos hasta alimenticios, lo que refuerza su importancia en la actualidad.